Al elegir un objeto sustitutivo que deviene su signo, parece beneficiarse de este arreglo con lo real (I).

January 15, 2009

Hay dos maneras de referirse a Californication. Una correcta y otra complaciente e idiota. Por ello, porque somos complacientes e idiotas, nada ni nadie define mejor a Californication que Fito Páez.

“Me gusta estar a un lado del camino
fumando el humo mientras todo pasa
me gusta abrir los ojos y estar vivo
tener que vérmelas con la resaca
entonces navegar se hace preciso
en barcos que se estrellen en la nada
vivir atormentado de sentido
creo que ésta, sí, es la parte mas pesada”

.
El problema con las definiciones -que no son más que un conjugar bien las palabras, unas y otras, a fin de darle veracidad a un universo muchas veces ilusorio y analfabeto- es que a menudo no dan muchas posibilidades para el juego o el fuego. Aunque, sí, convengamos que Fito Páez está para ponerle a las brasas por puro placer altruista. Pero, mea culpa, nos llama a evocarlo el hecho de que encontramos en su obra imágenes y momentos de malditismo ridículo, de borrachismo insulso y de, ejem, poesía de la peor calaña. Donde en teoría deberia haber fuego solo hay juego de imposturas sin ningún interés. Elemento, el interés, del cual carece también la moralina chillona entendida como Cinismo de Salón™ que Californication vomita en orden creciente a cada episodio y que llega al paroxismo en el ridículo final de la segunda temporada.

Es necesario ser conciente de que el ridículo en general tiene sus fans, alicaidos seguidores o lacayos de un sistema mediático de lo más patético. Sujetos que donde les pongas tres cositas mal contadas, tres Claves de Continuidad Conceptual® que les pondría enunciar su abuela -sobretodo en el caso de que hubiera leído a Corín Tellado-, van a estar felices, contentos y de muy buen cuerpo. Lo importante, el mérito de cualquier obra, parece recidir en si estas Claves de Continuidad Conceptual® tienen que ver con la gestión cobarde la animadversión, independiente de la relevancia de la misma. Al parecer, la aceptación de un producto mediático pasa solo por la cantidad de molestias que pueda inferir en la moralidad general y no de su alcance real ni de su valor como producto. Porque ahí, en la colera medida y en la pose altanera, todo resulta resultón, muchísimo más fácil y directo: la exposición de un malestar resulta un acto de incomparable teatralidad y los argumentos, como nos ha enseñado The Hit™, dependen mucho más de la aceptación que el respetable haga del énfasis con que son expuestos más que de la veracidad o funcionamiento de su condición, en este caso, de producto audiovisual.

En una sociedad como la nuestra, donde no se propone otra cosa que el bienestar bajo cualquier costo y donde las concepciones de espectáculo, cinismo y cultura, por decir algo, han sido distanciadas hasta de su propria etimología -a este accionar le debemos la confusión, el caos invasivo e involuntario que se produce en espectadores y consumidores producto del abuso de la palabra ‘crisis’, por ejemplo- le viene de perlas que se retome la enquilosada figura del maldito mientras se sustente sólo en la incontencia verbal y el follar/beber/fumar¹ sin mirar a quién, para así proponer, por decirlo de alguna manera, un modelo complementario y complaciente para la escuálida lógica del sufriente espectador de turno. Lo importante parece ser que detrás de toda esta altaneria se esconda un valor de gusto universal o para todo público, como en los relatos morales o las fábulas. En el caso de Californication, un flechazo de la juventud. El problema, ya puestos, es que ante este obvio accionar el espectador no sufre, sino que se recrea o enaltece porque nuestro amigo el espectador -un mero consumidor de esta cultura, como usted o como yo-, goza hasta desangrarse al encontrar en la fuente de todos sus reclamos² y carencias una figura en la cual cobijarse. La gracia radica en tener un bufón disfrazado de héroe que, como en este caso/caos que nos convoca, hable o se manifieste de forma irresponsable e insultante ante los avatares que le supone el erigirse como último bastión moral de occidente (je) con un pitillo siempre colgándole coquetamente de la comisura de los labios. La idea es, entonces, hacer del cliché una trampa para presentarla como una obviedad esquiva y, por ello, moralmente incómoda. Y eso, en general, es lo que queda: el alcance ambiguo de esa incomodidad en función de una moraleja digna de, como deciamos, Corín Tellado.

‘En sí un niño es alguien insensato y crédulo. Su capacidad para divetirse es proverbial. No suele fumar y sus chistes a menudo o son malos o tontos. Poco más. La gran preocupación de los gestores capitalísticos es crear las condiciones objetivas para explotar todo eso -esencialemente iracionalidad, credulidad y capacidad de diversión-, generando beneficios colosales y sin que nadie pueda llamarte por ello cosas feas o acabes en prisión recibiendo palizas monumentales, es: ser pederasta sin ninguno de los riesgos que tal postura conlleva. Buscar coartadas. La coartada mayor de la historia de las coartadas es la llamada cultura juvenil.’
Ibáñez, Miguel. “¡Zap!: Caos, capitalismo y televisión”. Ediciones Futura, Barcelona, 1995 (pp. 44)

Entonces, resumiendo que es gerundio, el problema de la relación entre el espectador de este tipo de contenidos y los contenidos en sí -relación que, por cierto, aliviana el juicio o la necesaria posición al provenir de una ecuación que involucra a partes iguales la irracionalidad, la credulidad y las ansias de diversión- pasa a ubicarse en la nicotina, de las variedades de su uso. La idea de adultez y de madurez, así como la posibilidad de erigirse como bastión moral, proviene de el exagerar acciones legales como el fumar o el beber en función de una anécdota o impostura. Lo que deviene en buscarle a la actividad adolescencional del fumar a escondidas una carga mística o épica a fin de no perder la ilusión de madurez y adultez propias de los pitillos a la salida de la escuela. No me cabe ninguna duda de que en el paisaje actual la obra de Guy Debord se pueda resumir, dios me perdone, a lo siguiente: ‘Entre las pocas cosas que disfruté y supe hacer bien, lo que sin duda supe hacer mejor es beber’³ . Ustedes, los que se ubican al lado del camino a reirle las gracias a cualquier iconismo lacerante por obvio, no hacen menos que confirmarlo.

Volveremos sobre ello.

¹ Todas acciones, a su vez, condenas o suicidios concientes a mediano plazo, según los media.
² Este tipo de espectador o fan, por cierto, tiende habitualmente a declararse crítico hacia su entorno (aunque no hacia sí mismo)..
³Debord, Guy. “Panégyrique. Tome Premier”. Éditiones Gallimard, Paris, 1993. (pp. 42)

Walk Hard: The Dewey Cox Story

January 10, 2009

Walk Hard: The Dewey Cox Story es una película que no supone, en ningún caso, otra cosa que una sucesión o rejunte de clichés del mundillo del Rock que, sin duda alguna, le han dado vidilla al mismo. El Rock es un palabro-concepto que, como casi todas las manifestaciones culturales que gozan de jerarquia pOp y que tienen pocas letras, busca sostén en el cliché, en la anécdota fútil y, de alguna manera, por lo demás muy suya, en la funcionalidad adquirida de determinados eventos o situaciones. Hablo de drogas, de sexo sin reparo, de esa combinación fatídica para el moralista de turno así como de la exquisita inconciencia/incontinencia que nos dio piezas de Arte Mayor.

El Rock, eso que ahora se entiende como modo de vida para los coolhunters de toda la vida y que hace casi medio siglo se ponderaba como una versión renovada de la Poesía de la Experiencia mientras se convertía en execrable en un plis plas por las señoras de toda la vida, se encastra en nuestro aparato cognitivo como una sucesión de desavenencias nada amables que por algún motivo son vistas, desde lejos, como momentos de una epicidad rimbombante con la particularidad nada menor de ser Low-Cost. De ahí al misticismo no hay más que un paso. A partir de ahí, del ser Low-Cost, el way-of-life™ que prefieran: Rebeldes sin causa, rubitos suicidas, hombreras y cabelleras de tintes surrealistas y así ad eternum.

Pero, y aquí me planto, lo interesante en WH, donde radica su efectividad como comedia satírica, es que logra refundar el paisaje del Rocker tomando a Johnny Cash (sobretodo al sobrevalorado biopic protagonizado por Joaquin Phoenix), Tom Jones o Brian Wilson como santos particulares en la construcción de una estrella Low-Cost -interpretada por John C. Reilly de manera ejemplificadora- haciendo caso omiso a la mística barata del espectáculo, mientras nos desvela que el objetivo ulterior de la cinta descansa en derrumbar el mito que tan saludable estaba en el Savoy hace la tira y que se ha llevado los laureles de la tontería al momento de definir la música popular en cualquiera de sus vertientes, sobre todo en la adolescencial: Para tocar como Bird (Charlie Parker), tienes que vivir como él.

Lo que busca(ba)mos es/era una ruptura, cuando de Repronto… (!)

October 1, 2008

Hace poco más de un año cometí un error formal bastante imbécil: dejarme enamorar por el reprontismo de manera creciente y progresiva en vez de apoyarlo con fe ciega. Bueno, en realidad, siendo rigurosos, fueron dos: el hacerme la difícil y el recrearme demasiado tiempo en el ‘Pero’ que esconde toda obra indepediente de su valia real. Una tonteria, lo asumo. Bueno, dos. No me miren así, vaya por delante que nunca es tarde para rectificar: ha pasado una buena cantidad de agua bajo el puente y desde una posición doblemente privilegiada me puedo permitir decir que son bastantes y muy variadas las razones que me llevan a pensar en la gloria absoluta que significa la Segunda Temporada de Reflexiones de Repronto que se inicia, en lo formal, hoy mismo y que sigue, para (espero) nuestra diligente y bien llevada ansiedad, el primero (1) y el quince (15) de cada mes.

Miren, miren:

El Dr. Repronto, el único doctor que pondría pálido de envidia al Doctor Vaporesso en cuanto a talento y argucias -su inteligencia- hacia y desde lo pOp, o viceversa, es a día de hoy una cita obligada para cualquiera que se crezca desde su propia curiosidad. El Dr. Repronto se vuelve necesario ya sea por su formato o por su encomiable labor al desarrollar, deconstruyendo/reconstruyendo que es gerundio, sus enunciados/pies forzados o, simplemente, por esa facultad mayúscula de llamar y sostener nuestra atención sin falsas y resabiadas pirotecnias formales. Resumiendo: El Dr. Repronto cumple cabalmente - inclusive sobrepasando con creces- todas y cada una de las bases en las que se asienta o, al menos, ejem, en las que se asume y lo hace grácil e inteligentemente. El Dr. Repronto es, entonces, un crack desde donde se le mire: la cámara fija habla por sí misma. Mea Culpa.

Y no me refiero, otra vez, a trampas formales sino a una concepción de lo audiovisual que, partiendo de una tradición, reconfigura y enarbola un modo de diseccionar lo que se va sucediendo a nuestro alrededor en clave de Cultura Popular y a modo de audiovisual, que es el modo en el que sucede nuestra época, que resulta, resultona, de lo más fresca. Es en el proceder del Dr. Repronto, nuestro supervillano favorito, donde pongo particular atención respecto a lo audiovisual porque el muy jodido se permite darle al texto lo que otros consiguen y sostienen solo mediante el aturdirnos: una vuelta de tuerca que nos estremece. Sobretodo a un nivel cognitivo primario: es levantar la cabeza y ver otra vez nuestro entorno. Nos demos cuenta o no. El Dr. Repronto y sus valiosísimos colaboradores nos han dado, y nos seguirán dando a la cara -esperemos que por los siglos de los siglos, amén-, armados con una sobriedad liminar, los razgos, las vias, los retruécanos y las pistas para, ya de una mala vez, hacernos de un criterio.

Qué Dios Bendiga al Dr. Repronto, a su laboratorio, lo que allí se cuece, y, sobretodo por la parte que me toca, las ocurrencias de Chupacintas.

Imperdibles (1)

January 18, 2007

Habemos, creo, unos cuantos que no podemos vivir sin la tarjeta de crédito. Es que en las putas tienditas donde encontramos el material del que nos regozijamos ante amigos y vecinos nos cobran un ojo de la cara y un poco más. Siempre, de toda la vida, me he preguntado cual es la necesidad de cobrar tres o cuatros veces el precio de tapa sólo porque es importado. Pero bueno… ellos, si no bajan los precios, pierden algo más que el margen de ganancia.

Gonzo, Hunter S. Thompson.

Creo que todo lo que pueda decir está tan quemado que da miedo. Pues nada, qué lo único que lamento es que, tarde o temprano, terminaré leyendo, mientras cago, la insulza observación de ese payaso que se apellida Deep. Y el precio, claro.

Council of the Gods (1950), Kurt Maezig.

Nazis científicos, locos y multinacionales. ¿No es hermoso? Ya después me diran que el dinero no es para tirarlo así…. Ya, es que, por favor, ante esa premisa…


Jiri Barta: Labyrinth of Darkness

Ha salido hace casi tres meses y todavia no lo tengo. Lo normal, diran ustedes. Pero no, eso no es normal. Jiri Barta, como Svankmajer, me encanta, me enloquece. Me hace mearme del miedo, me hace pensar en la verdadera existencia del error. Es que el horror existe. En Europa se encuentra de todo, me dijeron. Mentira, señores, que sigo comprando por internete y pago más por gastos de envio… Algún día, si puedo, hablaré en detalle de la animación checa. Trailer: Me da mucho más miedo Jiri Trnka.

El Vampiro (The Vampire) & El Ataud del Vampiro (The Vampire’s Coffin) - 2 Disc Special Edition (1958)


Una colección sin esto, verdaderamente, no es colección. No de terror, por lo menos. Hace unos meses a una persona que me era demasiado cercana le regalaron un libro de mierda, de un autor que ella odiaba. Se lo dejó, total, ella colecciona libros. No nos hablamos mucho desde que manifesté lo que yo definia colección.

Fell Volume 1: Feral City (Paperback)

Dos putos meses. Dos putos meses más…

No culpes a dios de la muerte de tu perro (1)

January 17, 2007

A pesar de mi excesivo y compulsivo interés en las diferentes formas o soportes para narrar a los documentales nunca les he encontrado la gracia. Si es que la tienen, claro. Uhm. Borro con el codo: La tienen. Me gusta mucho, demasiado, la lógica de remix o rejunte de material sin editar que, muchas veces, es llamada documental. El trabajo de Craig Baldwin, por ejemplo, me parece hermoso por su propensión anti-estética en cuanto al arte cinematográfico y su puta madre y porque él, como autor, se ausenta de sus trabajos. Sus documentales los puede hacer cualquiera con un programa de editar básico y mucha paciencia para surfear en los laberintos del material libre de derechos o, en su defecto, en los abismos de las leyes de copyright. Encuentro absolutamente hermoso que el hecho de hablar de su trabajo en búsqueda de un mensaje intrínseco sea una caida libre en el error, porque, precisamente, no trata de demostrar nada. La famosa frase de Fellini – Yo sólo quiero mostrar - es el único dogma al que obedece Baldwin y yo lo abrazo y lo beso en la frente. No hay nada peor que la super conciencia del creador al momento de hacer un acercamiento a su obra. Odio a los magos que explican sus trucos en el escenario. Por eso paso de las inauguraciones de exposiciones y de las presentaciones de libros, a menos que sean de amigos. Odio a los artistas, excepto a mis amigos artistas. Quizás por todo esto la figura de Michael Moore, en todos los sentidos, me da un repeluz cercano al asco. No entiendo el afán de decir que ciertas producciones son documentales siendo que, en realidad, se esfuerzan en trastocar la realidad a mostrar incluso desde el momento en que deciden registrarla. Pero, una duda me asalta ¿qué es, exactamente, un documental?

Según la RAE:

documental.

1. adj. Que se funda en documentos, o se refiere a ellos.

2. adj. Dicho de una película cinematográfica o de un programa televisivo: Que representa, con carácter informativo o didáctico, hechos, escenas, experimentos, etc., tomados de la realidad. U. t. c. s. m.

Según Wikipedia.

documental.
El documental es un género cinematográfico y televisivo, realizado sobre la base de materiales tomados de la realidad. La organización y estructura de imágenes, sonidos (textos y entrevistas) según el punto de vista del autor determina el tipo de documental.

La secuencia cronológica de los materiales, el tratamiento de la figura del narrador, la naturaleza de los materiales -completamente reales, recreaciones, imágenes infográficas, etcétera — dan lugar a una variedad de formatos tan amplia en la actualidad, que van desde el documental puro hasta documentales de creación, pasando por modelos de reportajes muy variados, llegando al docudrama (formato en el que los personajes reales se interpretan a sí mismos).

Con frecuencia, los programas de ficción adoptan una estructura y modo de narración muy cercanas al documental, y a su vez, algunos documentales reproducen recursos propios de la creación de obras de ficción.

Creo que, llegados a este punto, no sorprendo a nadie cuando digo que me ponen mucho más los mockumentarios. La definición de documental, según la RAE, es tan vacia como el género mismo. Aunque, por cierto, esa delgada línea de irracionalidad y napalm que separa al documental del mockumental me atrae tanto o más que las hermanas o madres de mis amigos. Quiero decir: la sola sensación que me produce la gente que asume que quiere hablar de la realidad, aún cuando asumen que sólo pueden tomar una faceta, me pone la carne de gallina. Porque, desde ese preciso momento, estamos cayendo en la lógica de joliwud que me aleja, por estos dias, de las salas de Cine. Nunca he terminado de estructurar la razón del -al parecer obligatorio- subrayado en casi todas las pelis que he visto este último año, no termino de entenderlo ni de aceptarlo. O somo todos imbéciles o McKee le ha hecho más daño al Cine de lo que yo creia. O, lo que es peor, ya no hace falta ver una puta peli de principio a fin.

Aunque a primera vista la definición de la wikipedia parece sensata, no me deja de resultar de un maniqueismo más de esos que ponen parches antes de las heridas. Con esa lógica siempre nos faltaran razones para la gritadera de rigor, o para salirnos del Cine ante bodrios insoportables disfrazados de realidad como Farenheit 9/11. O, en este caso en particular, ponerle stop al documental Salvador Allende del premiadísimo Patricio Guzmán que, precisamente, se ajusta tan bien a la definición de wikipedia que… que…

El tratamiento de la figura del narrador o como terminé queriendo ver de nuevo El triunfo de la Voluntad.

Con la crianza de izquierda (de las más bajas calorias) que mis padres me dieron este documental deberia parecerme una maravilla, pero, claro, apenas ellos se daban vuelta yo me ponia hasta las cejas de televisión y música en inglés. Recuerdo que una vez mi padre y mi abuelo discutieron porque el segundo en cuestión veia conmigo pelis de John Ford. Todos saben que John Ford era de, digamos, derecha. Para mi padre John Ford estaba vetado porque era de, digamos, derecha. El problema es que, a día de hoy, tanto mi padre como, en el caso que estuviera vivo, John Ford tienen una idea de la izquierda y de la derecha que tanto la izquierda como la derecha estan tratando de amnesiar o anestesiar. Creo que la discusión se acabó cuando mi abuelo le dijo que yo, a mis tiernos cinco años o seis años, veia pelis más allá de las ideologias porque esas intentontas a mi generación ya no le correspondian. De paso, mi abuelo, aclaró que los cómics del Capitán América los compraba él. Todavia no habia caido el muro y Pinochet seguia desapareciendo gente. Mi abuelo era entonces, digamos, de derecha. Aunque sus ideas dijeran lo contrario. A día de hoy, tanto la izquierda como la derecha se incomodan por el vaticinio radical de mi abuelo. Entonces, con este panorama, la izquierda financia a Guzmán y le da una tribuna que John Ford, con este panorama, no tendría por ser, digamos, de derecha.

Las armas de lo basado en hecho reales son de destrucción masiva
, me decia un amigo hace pocos minutos. Aunque, lo cierto, es que eso lo acabo de escribir. Si no hago la aclaración usted no se entera de que mi amigo no existe. Y de esta misma manera, Guzmán nos tiende trampas que llevan kilos de retórica barata y florituras que, como las metáforas en estos casos, son innecesarias. Guzmán aborda un tema peliagudo con la sensibilidad de mi abuela. Me explico: si yo, en mi calidad de nieto preferido, llego borracho a una cena familiar y la lio con algún familiar no es mi culpa, es del familiar (sobrio) en cuestión. Guzmán hace exactamente lo mismo que mi abuela en su peli: la culpa no es de Allende, la culpa es de todos los otros. Incluso de los que lo votaron… Y ahí empieza un apaño de cien minutos, un señor apaño premiado en Cannes y en cualquier otro festival de la intelectualidá militante de izquierda(s). Allende como eje y centro de la refundación del palabro Revolución. Y el triunfo en festivales y en público tiene que ver con eso de la anestesia de la propia izquierda que, antes de meter Segunda, dejó de lado a Chávez. El activista político más inconciente y ególatra de los últimos veinte años pero, a la vez, el más simpaticón.

La figura de Allende necesita ser puesta en boga porque, con el pasar de los años, ha ganado la batalla de la historia. Si, Allende es mejor que Pinochet porque no mandaba a matar gente, porque no era (brutalmente) autoritario… Las comidas de mi abuela son mejores que las de mi ex porque mi abuela cocina menos pasta, la comida de mi abuela me hace ir mejor de vientre. Extraño la comida de mi abuela. Bien. El problema es que nunca le he dicho a mi abuela que cago mejor cuando como su comida. Sabemos que no es sólo eso, sabemos que la caida de Allende tiene que ver con otros entornos, con otros istmos. Guzmán tienen un problema de clave de continuidad conceptual al tratar de ilustrar a Allende como santo y martir de una causa perdida desde su gestación al tiempo que se preocupa de mostarlo como chileno. Y los chilenos, como dijo Raoul Ruiz, son rotos, borrachos y tratan mal a las mujeres. ¿Entonces? Pues nada, que el documental de Guzmán se vuelve, vaya, una disertación sobre un ícono camiseteable que usted podría escuchar de cualquier insulso joven comunista. Y ante eso no tengo nada (malo) que decir. Sólo sentir envidia ya que mi idea de martir tiene más que ver con Elvis, quien, mire usted, tiene mucho que ver con esto.

Me remito a El Blog Ausente:

“Soy Elvis Presley y lo admiro (…) le expresé mi preocupación por nuestro país. La cultura de la droga, los elementos hippies, los SDS, Panteras Negras, etcétera no me consideran su enemigo o un enemigo del establishment, como ellos lo llaman. Yo lo llamo América y la amo. Podría hacer el bien si se me nombrara Agente Federal Antidroga de por vida y ayudaré trabajando a mi manera (…) He realizado un profundo estudio sobre el abuso de las drogas y las técnicas de lavado de cerebro comunistas (subrayado mío). Conozco bien el tema, y puedo ser de la máxima utilidad y sería feliz de ayudar…”

Bien, que Nixon le da la chapita antidrogas del FBI y el rey va y se la muestra a Tom Jones. Tom Jones contesta lo obvio. Elvis se enfada para siempre jamás. Fin.

Guzmán, en su documental, hace ahínco en que la CIA pagó una enorme campaña publicitaria en contra de Allende. Lo señala tantas veces que se olvida de señalar, a menos que en ese momento haya parpadeado, que los aviones que bombardearon la moneda estaban piloteados por norteamericanos. También olvida señalar, por ejemplo, que durante primera mitad de la década del sesenta a los enclaustrados en campos militares se les asustaba de madrugada al grito de Ahí vienen los comunistas. Olvida, ui, información fundamental. Las largas conversaciones entre Castro y Pinochet apenas se dan a entender, apenas se mencionan. ¿No se los puede epatar al momento de hablar de Allende? Pero…. ejem, ¿Soy yo o ambos nombres tienen que ver, de forma extremadamente directa, con la caída de Allende?

Del documental me encantan los subrayados que Guzmán no vió. La hija de Allende: Mi padre era un vividor… esteh, DE LA VIDA. Un vividor de la vida. Y después una brillante analogia de un poblador que sabía de muy buena fuente que Allende tenia una amante: Que claro, que lo bueno de ser político es que uno puede conseg… acercarse a las mujeres de otra manera. Es que así se ven las cosas de otra manera. Así llegó Allende al poder… enamorando a la gente. La censura, supongo, no viene al caso. Nunca sabremos si Allende quería follarse o no a la gente, es intocable. Y ahí la paradoja que vuelve al Golpe de Estado un tema de sobremesa imposible porque las posiciones son siempre reducidas a blancos y negros. Despierta pasiones bajas y se acusa de revisionista cualquier pregunta sobre el accionar de las altas esferas del partido socialista. ¿Por qué Guzmán aborda a Allende desde una perspectiva tan acaramelada? Porque se fué al exilio.

Una de las cosas más graciosas de la angustiosa capa de amnesia que, según Guzmán, cubre Chile es que no todo está como está gracias a Pinochet o a la derecha. Cuando a la gente de la, digamos, izquierda se le pregunta por casos de corrupción se da tres mil vueltas en el aire y se rasga las vestiduras. Si usted le hace la misma pregunta a uno de, digamos, derecha, sin parpadear responderá que está tranquilo, que San Pinochet le habló y le dijo que todo va a estar bien. Esto se lo pueden permitir por la falta de información de la que goza el país. Los medios estan divididos entre los de derecha y los de izquierda, como hace varios años. Como cuando fue el golpe. La, digamos, izquierda, tiene entre sus más importantes emisores de información a exiliados que, sin dejar de rasgarse las vestiduras, lloran por ese paraíso socialista que se perdió y las lágrimas no le dejan ver ni el árbol ni el bosque. Informan, meten ruido, en forma de turbios goterones que son muchas veces ilegibles y otras tantas asquerosos. Aunque lo peor, sin duda alguna, del Chile actual es la Concertación de partidos por la democracia: un menjunje de, digamos, izquierda que sostiene políticas de, digamos, derecha. Hace poco me entero que el colegio de periodistas de Chile, presidido por un PPD y apoyado por el infame Guiller pide una ley que impide ejercer como periodistas a no colegiados, enviando a los no colegiados que publican a la cárcel. Y luego, la misma institución en nombre del gobierno, como quien no quiere la cosa, casi por debajo de la mesa, le da premios y dólares a Guzmán porque ante la falta de información siempre nos queda la nostalgia. Sobretodo en forma de campaña publicitaria…

Guzmán se enfada conmigo para siempre jamás. Fin.