Imperdibles (1)

January 18, 2007

Habemos, creo, unos cuantos que no podemos vivir sin la tarjeta de crédito. Es que en las putas tienditas donde encontramos el material del que nos regozijamos ante amigos y vecinos nos cobran un ojo de la cara y un poco más. Siempre, de toda la vida, me he preguntado cual es la necesidad de cobrar tres o cuatros veces el precio de tapa sólo porque es importado. Pero bueno… ellos, si no bajan los precios, pierden algo más que el margen de ganancia.

Gonzo, Hunter S. Thompson.

Creo que todo lo que pueda decir está tan quemado que da miedo. Pues nada, qué lo único que lamento es que, tarde o temprano, terminaré leyendo, mientras cago, la insulza observación de ese payaso que se apellida Deep. Y el precio, claro.

Council of the Gods (1950), Kurt Maezig.

Nazis científicos, locos y multinacionales. ¿No es hermoso? Ya después me diran que el dinero no es para tirarlo así…. Ya, es que, por favor, ante esa premisa…


Jiri Barta: Labyrinth of Darkness

Ha salido hace casi tres meses y todavia no lo tengo. Lo normal, diran ustedes. Pero no, eso no es normal. Jiri Barta, como Svankmajer, me encanta, me enloquece. Me hace mearme del miedo, me hace pensar en la verdadera existencia del error. Es que el horror existe. En Europa se encuentra de todo, me dijeron. Mentira, señores, que sigo comprando por internete y pago más por gastos de envio… Algún día, si puedo, hablaré en detalle de la animación checa. Trailer: Me da mucho más miedo Jiri Trnka.

El Vampiro (The Vampire) & El Ataud del Vampiro (The Vampire’s Coffin) - 2 Disc Special Edition (1958)


Una colección sin esto, verdaderamente, no es colección. No de terror, por lo menos. Hace unos meses a una persona que me era demasiado cercana le regalaron un libro de mierda, de un autor que ella odiaba. Se lo dejó, total, ella colecciona libros. No nos hablamos mucho desde que manifesté lo que yo definia colección.

Fell Volume 1: Feral City (Paperback)

Dos putos meses. Dos putos meses más…

No culpes a dios de la muerte de tu perro (1)

January 17, 2007

A pesar de mi excesivo y compulsivo interés en las diferentes formas o soportes para narrar a los documentales nunca les he encontrado la gracia. Si es que la tienen, claro. Uhm. Borro con el codo: La tienen. Me gusta mucho, demasiado, la lógica de remix o rejunte de material sin editar que, muchas veces, es llamada documental. El trabajo de Craig Baldwin, por ejemplo, me parece hermoso por su propensión anti-estética en cuanto al arte cinematográfico y su puta madre y porque él, como autor, se ausenta de sus trabajos. Sus documentales los puede hacer cualquiera con un programa de editar básico y mucha paciencia para surfear en los laberintos del material libre de derechos o, en su defecto, en los abismos de las leyes de copyright. Encuentro absolutamente hermoso que el hecho de hablar de su trabajo en búsqueda de un mensaje intrínseco sea una caida libre en el error, porque, precisamente, no trata de demostrar nada. La famosa frase de Fellini – Yo sólo quiero mostrar - es el único dogma al que obedece Baldwin y yo lo abrazo y lo beso en la frente. No hay nada peor que la super conciencia del creador al momento de hacer un acercamiento a su obra. Odio a los magos que explican sus trucos en el escenario. Por eso paso de las inauguraciones de exposiciones y de las presentaciones de libros, a menos que sean de amigos. Odio a los artistas, excepto a mis amigos artistas. Quizás por todo esto la figura de Michael Moore, en todos los sentidos, me da un repeluz cercano al asco. No entiendo el afán de decir que ciertas producciones son documentales siendo que, en realidad, se esfuerzan en trastocar la realidad a mostrar incluso desde el momento en que deciden registrarla. Pero, una duda me asalta ¿qué es, exactamente, un documental?

Según la RAE:

documental.

1. adj. Que se funda en documentos, o se refiere a ellos.

2. adj. Dicho de una película cinematográfica o de un programa televisivo: Que representa, con carácter informativo o didáctico, hechos, escenas, experimentos, etc., tomados de la realidad. U. t. c. s. m.

Según Wikipedia.

documental.
El documental es un género cinematográfico y televisivo, realizado sobre la base de materiales tomados de la realidad. La organización y estructura de imágenes, sonidos (textos y entrevistas) según el punto de vista del autor determina el tipo de documental.

La secuencia cronológica de los materiales, el tratamiento de la figura del narrador, la naturaleza de los materiales -completamente reales, recreaciones, imágenes infográficas, etcétera — dan lugar a una variedad de formatos tan amplia en la actualidad, que van desde el documental puro hasta documentales de creación, pasando por modelos de reportajes muy variados, llegando al docudrama (formato en el que los personajes reales se interpretan a sí mismos).

Con frecuencia, los programas de ficción adoptan una estructura y modo de narración muy cercanas al documental, y a su vez, algunos documentales reproducen recursos propios de la creación de obras de ficción.

Creo que, llegados a este punto, no sorprendo a nadie cuando digo que me ponen mucho más los mockumentarios. La definición de documental, según la RAE, es tan vacia como el género mismo. Aunque, por cierto, esa delgada línea de irracionalidad y napalm que separa al documental del mockumental me atrae tanto o más que las hermanas o madres de mis amigos. Quiero decir: la sola sensación que me produce la gente que asume que quiere hablar de la realidad, aún cuando asumen que sólo pueden tomar una faceta, me pone la carne de gallina. Porque, desde ese preciso momento, estamos cayendo en la lógica de joliwud que me aleja, por estos dias, de las salas de Cine. Nunca he terminado de estructurar la razón del -al parecer obligatorio- subrayado en casi todas las pelis que he visto este último año, no termino de entenderlo ni de aceptarlo. O somo todos imbéciles o McKee le ha hecho más daño al Cine de lo que yo creia. O, lo que es peor, ya no hace falta ver una puta peli de principio a fin.

Aunque a primera vista la definición de la wikipedia parece sensata, no me deja de resultar de un maniqueismo más de esos que ponen parches antes de las heridas. Con esa lógica siempre nos faltaran razones para la gritadera de rigor, o para salirnos del Cine ante bodrios insoportables disfrazados de realidad como Farenheit 9/11. O, en este caso en particular, ponerle stop al documental Salvador Allende del premiadísimo Patricio Guzmán que, precisamente, se ajusta tan bien a la definición de wikipedia que… que…

El tratamiento de la figura del narrador o como terminé queriendo ver de nuevo El triunfo de la Voluntad.

Con la crianza de izquierda (de las más bajas calorias) que mis padres me dieron este documental deberia parecerme una maravilla, pero, claro, apenas ellos se daban vuelta yo me ponia hasta las cejas de televisión y música en inglés. Recuerdo que una vez mi padre y mi abuelo discutieron porque el segundo en cuestión veia conmigo pelis de John Ford. Todos saben que John Ford era de, digamos, derecha. Para mi padre John Ford estaba vetado porque era de, digamos, derecha. El problema es que, a día de hoy, tanto mi padre como, en el caso que estuviera vivo, John Ford tienen una idea de la izquierda y de la derecha que tanto la izquierda como la derecha estan tratando de amnesiar o anestesiar. Creo que la discusión se acabó cuando mi abuelo le dijo que yo, a mis tiernos cinco años o seis años, veia pelis más allá de las ideologias porque esas intentontas a mi generación ya no le correspondian. De paso, mi abuelo, aclaró que los cómics del Capitán América los compraba él. Todavia no habia caido el muro y Pinochet seguia desapareciendo gente. Mi abuelo era entonces, digamos, de derecha. Aunque sus ideas dijeran lo contrario. A día de hoy, tanto la izquierda como la derecha se incomodan por el vaticinio radical de mi abuelo. Entonces, con este panorama, la izquierda financia a Guzmán y le da una tribuna que John Ford, con este panorama, no tendría por ser, digamos, de derecha.

Las armas de lo basado en hecho reales son de destrucción masiva
, me decia un amigo hace pocos minutos. Aunque, lo cierto, es que eso lo acabo de escribir. Si no hago la aclaración usted no se entera de que mi amigo no existe. Y de esta misma manera, Guzmán nos tiende trampas que llevan kilos de retórica barata y florituras que, como las metáforas en estos casos, son innecesarias. Guzmán aborda un tema peliagudo con la sensibilidad de mi abuela. Me explico: si yo, en mi calidad de nieto preferido, llego borracho a una cena familiar y la lio con algún familiar no es mi culpa, es del familiar (sobrio) en cuestión. Guzmán hace exactamente lo mismo que mi abuela en su peli: la culpa no es de Allende, la culpa es de todos los otros. Incluso de los que lo votaron… Y ahí empieza un apaño de cien minutos, un señor apaño premiado en Cannes y en cualquier otro festival de la intelectualidá militante de izquierda(s). Allende como eje y centro de la refundación del palabro Revolución. Y el triunfo en festivales y en público tiene que ver con eso de la anestesia de la propia izquierda que, antes de meter Segunda, dejó de lado a Chávez. El activista político más inconciente y ególatra de los últimos veinte años pero, a la vez, el más simpaticón.

La figura de Allende necesita ser puesta en boga porque, con el pasar de los años, ha ganado la batalla de la historia. Si, Allende es mejor que Pinochet porque no mandaba a matar gente, porque no era (brutalmente) autoritario… Las comidas de mi abuela son mejores que las de mi ex porque mi abuela cocina menos pasta, la comida de mi abuela me hace ir mejor de vientre. Extraño la comida de mi abuela. Bien. El problema es que nunca le he dicho a mi abuela que cago mejor cuando como su comida. Sabemos que no es sólo eso, sabemos que la caida de Allende tiene que ver con otros entornos, con otros istmos. Guzmán tienen un problema de clave de continuidad conceptual al tratar de ilustrar a Allende como santo y martir de una causa perdida desde su gestación al tiempo que se preocupa de mostarlo como chileno. Y los chilenos, como dijo Raoul Ruiz, son rotos, borrachos y tratan mal a las mujeres. ¿Entonces? Pues nada, que el documental de Guzmán se vuelve, vaya, una disertación sobre un ícono camiseteable que usted podría escuchar de cualquier insulso joven comunista. Y ante eso no tengo nada (malo) que decir. Sólo sentir envidia ya que mi idea de martir tiene más que ver con Elvis, quien, mire usted, tiene mucho que ver con esto.

Me remito a El Blog Ausente:

“Soy Elvis Presley y lo admiro (…) le expresé mi preocupación por nuestro país. La cultura de la droga, los elementos hippies, los SDS, Panteras Negras, etcétera no me consideran su enemigo o un enemigo del establishment, como ellos lo llaman. Yo lo llamo América y la amo. Podría hacer el bien si se me nombrara Agente Federal Antidroga de por vida y ayudaré trabajando a mi manera (…) He realizado un profundo estudio sobre el abuso de las drogas y las técnicas de lavado de cerebro comunistas (subrayado mío). Conozco bien el tema, y puedo ser de la máxima utilidad y sería feliz de ayudar…”

Bien, que Nixon le da la chapita antidrogas del FBI y el rey va y se la muestra a Tom Jones. Tom Jones contesta lo obvio. Elvis se enfada para siempre jamás. Fin.

Guzmán, en su documental, hace ahínco en que la CIA pagó una enorme campaña publicitaria en contra de Allende. Lo señala tantas veces que se olvida de señalar, a menos que en ese momento haya parpadeado, que los aviones que bombardearon la moneda estaban piloteados por norteamericanos. También olvida señalar, por ejemplo, que durante primera mitad de la década del sesenta a los enclaustrados en campos militares se les asustaba de madrugada al grito de Ahí vienen los comunistas. Olvida, ui, información fundamental. Las largas conversaciones entre Castro y Pinochet apenas se dan a entender, apenas se mencionan. ¿No se los puede epatar al momento de hablar de Allende? Pero…. ejem, ¿Soy yo o ambos nombres tienen que ver, de forma extremadamente directa, con la caída de Allende?

Del documental me encantan los subrayados que Guzmán no vió. La hija de Allende: Mi padre era un vividor… esteh, DE LA VIDA. Un vividor de la vida. Y después una brillante analogia de un poblador que sabía de muy buena fuente que Allende tenia una amante: Que claro, que lo bueno de ser político es que uno puede conseg… acercarse a las mujeres de otra manera. Es que así se ven las cosas de otra manera. Así llegó Allende al poder… enamorando a la gente. La censura, supongo, no viene al caso. Nunca sabremos si Allende quería follarse o no a la gente, es intocable. Y ahí la paradoja que vuelve al Golpe de Estado un tema de sobremesa imposible porque las posiciones son siempre reducidas a blancos y negros. Despierta pasiones bajas y se acusa de revisionista cualquier pregunta sobre el accionar de las altas esferas del partido socialista. ¿Por qué Guzmán aborda a Allende desde una perspectiva tan acaramelada? Porque se fué al exilio.

Una de las cosas más graciosas de la angustiosa capa de amnesia que, según Guzmán, cubre Chile es que no todo está como está gracias a Pinochet o a la derecha. Cuando a la gente de la, digamos, izquierda se le pregunta por casos de corrupción se da tres mil vueltas en el aire y se rasga las vestiduras. Si usted le hace la misma pregunta a uno de, digamos, derecha, sin parpadear responderá que está tranquilo, que San Pinochet le habló y le dijo que todo va a estar bien. Esto se lo pueden permitir por la falta de información de la que goza el país. Los medios estan divididos entre los de derecha y los de izquierda, como hace varios años. Como cuando fue el golpe. La, digamos, izquierda, tiene entre sus más importantes emisores de información a exiliados que, sin dejar de rasgarse las vestiduras, lloran por ese paraíso socialista que se perdió y las lágrimas no le dejan ver ni el árbol ni el bosque. Informan, meten ruido, en forma de turbios goterones que son muchas veces ilegibles y otras tantas asquerosos. Aunque lo peor, sin duda alguna, del Chile actual es la Concertación de partidos por la democracia: un menjunje de, digamos, izquierda que sostiene políticas de, digamos, derecha. Hace poco me entero que el colegio de periodistas de Chile, presidido por un PPD y apoyado por el infame Guiller pide una ley que impide ejercer como periodistas a no colegiados, enviando a los no colegiados que publican a la cárcel. Y luego, la misma institución en nombre del gobierno, como quien no quiere la cosa, casi por debajo de la mesa, le da premios y dólares a Guzmán porque ante la falta de información siempre nos queda la nostalgia. Sobretodo en forma de campaña publicitaria…

Guzmán se enfada conmigo para siempre jamás. Fin.