Los personajes son trabajados como casos, sujetos ajenos a las vacilaciones de la vida interior.
February 15, 2007Según yo en cualquier momento este blog se vuelve un laberinto de textos larguísimos y extenuantes. Tengo un par de cosas reposando ahí, en el disco duro. En una carpeta que se llama blog. Es que tengo más tiempo del que puedo usar, creo, entonces me parece, a ratos, qué el mundo no se va a acabar mañana y así donde, espero, pronto va a decir Ayer, ustedes tienen que poner: 2 meses atrás. Creo que podría terminar el post sobre la última peli de Lynch en esta condición y tendría sentido. El problema es que como tengo más tiempo para usar, lo uso. Y me canso. Ahora mismo, estoy exhausto.
No se por qué me excuso, a estas horas y con esta cara, de las últimas 72 horas he dormido cuatro, siendo que en realidad lo único que quiero es dormir. Mis ojos se me cierran y mis dedos se han vuelto muy torpes. Esta semana, entre grabaciones, entrevistas, subtitulaciones y montajes, no tendré tiempo. Eso pueden darlo por seguro. El sábado, es decir pasado mañana, tengo que tomar, creo, un tren muy temprano y otro más, un poco más tarde, con un fin que todavía no entiendo. No tengo puta idea de que tengo que hacer, pero yo tomo la cámara y voy, como siempre, para luego encerrarme a editar o algo. El domingo, claro, o el mismo sábado en la noche. Luego, creo, tomo un avión y voy a tierras ibéricas a intentar descansar. Cosa que no haré, supongo, por todos los motivos que me significa, tanto por proyectos personales como por trabajo y amistades varias, el viaje. Debería dejar de confiar en mi memoria y comprar una agenda.
Hoy pensaba que debería dejar el libro este que me roba mucho más tiempo del que me tengo disponible, pero mi editor, que es un amor, me dice que estoy pletórico y que tengo que seguir. Yo sonrío, el ego se revoluciona por todo mi ser, y luego caigo en la cuenta de que lo de editor no está dicho, escrito y firmado, y que mejor ya la dejamos con esto de serme simpático sí, luego, cuando hable de sus amigos en el libro, él me dirá que además de editor he perdido un amigo o algo del género. Casi como la otra vez.
Hace unos días, en un tren, leía unos cuentos de Yasushi Inoué, atención a la maravillosa mariconeria metafísica acerca de las casualidades, el amor y las mujeres que es La Escopeta de Caza, y pensaba que estaban muy, pero qué muy, bien. Luego, hace un rato, he pensado que en esa parte donde ella le dice a él que no le ha dado amor sino que le ha pagado por sus gentiles gestos de hombre maduro, soltero y de mierda debería haber aparecido un monstruo. Un monstruo, en serio. Uno grande y bello, lleno de ojos y tentáculos cebosos y malolientes, y que hubiera dicho algo así como yo te voy a enseñar lo que es el amor con la voz que tendría dios en el caso de que existiese. El monstruo atraparía al tipo, por supuesto, y a ella por hija de puta. Qué es eso de andarle gritando a la gente en la cara sus carencias y esas cosas. Pobres inconcientes, oiga, dejadlos creer que todo es así como creen que es o algo. Ya cortémosla con eso de No eres tu trabajo o A fucking big tv bla ble blí… No por una cosa de compadecencia, sino de envidia. Yo quiero objetivos concretos, como esos. En serio. Ir todos los días al gimnasio, dejar de fumar, dejar de beber, dormir ocho horas como mínimo y luego la puta rubia y tetona que me mete los cuernos con el jardinero o con el tipo de la libreria que es mi amigo, o que eso creo yo: lo puedo llamar y luego mi mujer va y toma los libros de mierda que leo. Quiero trabajar en un cubículo de un metro por un metro y que mi jefe me abra el culo todas las mañanas. Quiero el auto familiar que casi no uso, y la parejita, niño y niña, que se odian pero que me odian más a mi. Hoy me encantaría poder usar corbata - cómo se usa una corbata, coño, modernos de mierda –, leer sin partirme de risa a Dan Brown o a Pablo Coehlo y ver pelis de Jim Jarmush creyendo que estoy ampliando mi cultura, o peor aún, que soy culto. Hoy quiero suspender mi suscripción a Edge y a Mad, tirar a la basura mis deuvedeses de luchadores mexicanos y de pelis de terror, artes marciales y param pam pim. Dejar sólo los que han ganado un oscar o varios. Me gustaría, a esta hora y con esta cara, que no se me pusiera la carne de gallina cada vez que escucho los Pixies, Hey en particular, y mandar a la mierda mi adicción al free Jazz y la música docta del siglo XX hasta nuestros días. Levantarme mañana y prender un PowerBook para revisar mi horóscopo chino personalizado, cuyo servicio he pagado, sobre una mesa que he comprado en un saldo de Ikea mientras escucho smooth jazz o alguna mierda como cafe del mar o world music del tipo tupumayo o putumayo o putamayutipuyiyuputí.
Mañana, por ejemplo, luego del gimnasio y de un vermusito con mis amiguetes con los que juego fútbol los fines de semana, iria a tomar clases de salsa para conquistar a mi futura mujer. Rubia y tetona, que me encuentra sensible porque diré, aunque hoy tampoco lo hago, que leo a Neruda. Sí. Le diré que me gusta cuando calla porque está como ausente. Ella me besará justo en la comisura de los labios y luego dará dos nerviosos pasos hacia atrás, riendo nerviosa. Tapándose la boca con la mano derecha y con la izquierda arreglándose la minifalda. Y yo estaré ahí, alejando mi cuerpo atlético de la barra e invitandola a bailar un lento. Un Lento. Un Blú.
Hoy, por ejemplo, me gustaría que me gustara la obviedad de Amelie Nothomb, de hecho, si de mi depende, la encontraría, incluso, ácida y sulfurosa. Sería inconmensurablemente feliz si me encontrara a gusto, seguro de mi mismo, con varios libros Taschen a mi haber. Oh, Helmut Newton. Oh, por favor, 100 años de diseño de Sillas o lámparas. Oh, por Dios, un libro de fotos de gatos y de pies. Libros que no miro, pero que están ahí, en la mesita de centro - qué también compré en Ikea de saldo – como prueba fehaciente de mi pasión por la cultura. Como, claro, el imán del Che Guevara en mi frigo, que no tengo, como prueba de que estuve en Cuba poco antes de que falleciera, poner silencio doloroso aquí, Fidel. Hoy, me cago en la puta, me gustaría irme a dormir sin pensar que tengo algo que hacer, que corregir, que mirar de lejos. Hoy me gustaría irme a dormir sin sentirme mal por aún no haber terminado de leer Against the day. Y claro, lo compré – por fin - el domingo recién pasado, pero me viene la angustia cuando lo veo ahí, en el diván, a medio leer. Al lado de los cuentos de Fulci, Lucio, y de un rejunte de ensayos de Baudrillard que es un poco más de lo mismo pero en otro idioma.
Hoy, y esto lo digo en voz baja, me encantaría leer este poema, el que sigue, de Roberto Bolaño, sin emocionarme. Sin que se me mueva nada. Sin que me despertara, sin que me dijera nada. Sin sentir que define practicamente todo lo que dificilmente se puede definir. Es que las putas palabras son complicadas. Mierda.
“Soñé que Georges Perec tenía tres años y lloraba desconsoladamente.
Yo intentaba calmarlo. Lo tomaba en brazos, le compraba golosinas, libros para pintar. Luego nos íbamos al Paseo Marítimo de Nueva York y mientras él jugaba en el tobogán yo me decía a mí mismo: no sirvo para nada, pero serviré para cuidarte, nadie te hará daño, nadie intentará matarte.
Después se ponía a llover y volvíamos tranquilamente a casa. ¿Pero dónde estaba nuestra casa?”.
Mi nombre es Hijo Tonto y me gustaría pedir por la paz mundial… El problema es que en dos o, con algo de suerte, cuatro horas más me despertaré todavía más tonto, me prepararé un café y, casi lo puedo jurar, es lo último que recordaré.
