No es la constatación de nuestra ociosa culpabilidad sino la marca de nuestra milagrosa e inútil inocencia.

January 31, 2007

Uno. Mi modelo de detective es Eddie Valiant. Mi modelo de detective, quiero decir, no le busca la quinta pata al gato. Le busca la tercera sabiendo a ciencia cierta que tiene cuatro. No tiene ninguna certeza. Ni en lo tangible y concreto. Mi modelo de detective es la decadencia hecha carne, es el que da por cierto lo inverosimil a sabiendas que ahí - en la batalla retórica que se gana por más puntos en inventiva - está derrotado de ante mano. No tiene una teoria para apañarse, es víctima de la casualidad que trata de develar. Para Eddie Valiant resolver un misterio es suicidarse. Por lo menos un intento. Eddie Valiant es un detective hecho y derecho porque sabe que no tiene nada más que hacer como tal, porque resuelve los casos con el manual para consultarlo. Y lo sabe, el muy cabrón lo sabe. Y lo sabe tan bien que no argulle artimañas para proponer que sobre los gestos, o los actos, están las tetas. Mi modelo de detective no es Sherlock Holmes. Tampoco Auguste Dupin.

Dos. Decia Baudelaire: Su destino está escrito en toda su contextura, brilla con siniestro resplandor en sus miradas y en sus gestos, circula por sus arterias con cada uno de sus glóbulos sanguíneos. Y, Poe, sabio como sólo él, al momento de morir, respondió lo siguiente: ¡Qué Dios se apiade de mi pobre alma!. Si vamos al contexto, un (posible) ataque de delirium tremens a mediados del siglo XIX, puede sentarse como cierto qué, en cuanto a su obra y sus modos, razones tenía para pedir auxilio supremo al dios paracaídas que todos tenemos bajo la manga. Aunque me atreva a pensar que Poe recibió a la muerte con un chascarrillo, por eso la frase. Pero ese no es el punto, el punto es que la larga vida de Auguste Dupin, incluyendo aquí el nacimiento de un género literario que grandes placeres nos ha dado, no es producto del buen vivir y del mejor razonamiento sino de la creencia de que un hombre, como tal, no puede ser tan horroroso. No como el mismo Poe, por cierto. Dupin, por lo que alcanzo a leer en Los crímenes de la Rue Morgue, se niega a que el asesino sea un hombre. De hecho, es más, está seguro que no es uno. No encuentra un cabello no-humano, busca un cabello no-humano. Su lógica, su inventiva, se basa en la misericordia. No hay develación de pistas, hay búsqueda de pistas. De asideros. Dupin no es, digamos, un gran detective per se, es un hombre necio y tozudo con buena educación. “Elemental, mi querido Watson”, reza el mejor alumno. Su lógica, en suma, es producto del descreimiento supremo en cuanto a animalidad trata y sus maneras de llevarla a la práctica descansan en un siempre fructífero asidero práctico que lleva a la conclusión irrevocable. Esto con un desparpajo al afrontar la negativa del entorno que es propio de dioses, iluminados o, ya que estamos, locos. Dupin, digámoslo así, no era dado al anal.

Tres. Un halo de perfección es lo que cubre a la obra de Poe, como a la de Verhoeven. Eso y un sentido de la comedia, la más directa de las artes, ventilado por Andy Kaufman. Dupin se me antoja un chiste de Poe en base a la conciencia que tenía, quizás basada en su propia experiencia, del error. Del error inexplicable, inimputable e inabarcable. El error, sus esquirlas, siempre desencadena en brutalidad. El error, según Poe, son los adalides de la civilización. La brutalidad es, desde una mirada moral, dejar libre a la bestia que cobijamos. Que, en algunos casos, es en la que el propio ser humano se reconoce. Decía Bergson que el antropomoformismo tanto como la pretensión antropomórfica causaban gracia. De la risa al terror hay un paso. Incluso conviven. Hop Frog. La solución al error la propone un ilustrado. En este caso Dupin, quien, mire usted, no cree en la sola posibilidad de error. Por ende, Dupin, en vez de disfrutar de la poesia de Poe la hubiera psicoanalizado. Matando, de paso, a Poe. Dejándolo sin fantasmas. Dupin es, de buenas a primeras, el peor enemigo de Poe. Poe lo presenta como el máximo chambelán del juicio inapelable. Un ejemplo a seguir. Clase, sabiduría y saber estar a baldazos. Dupin, por las noches, me parece, sueña con un orangután que lo persigue. El orangután se saca la máscara. Poe, por un segundo, tiene el rostro de Dupin. William Wilson. O, quizás, Hop Frog otra vez.

Cuatro. Hop Frog, bufón, invita a su rey a disfrazarse de oraguntán. Lo disfraza de oraguntán. La razón de ser del bufón es mear fuera del tiesto, provocar. El rey no puede mear fuera del tiesto porque es posible que un noble le pierda el cariño y el respeto. Que le deje de mandar vinos. O no. Ni idea. Hop Frog obliga al rey, sin que este se de cuenta, a mear fuera del tiesto. Hop Frog mata al bufón. Hop Frog puede, abiertamente y sin reproches, cumplir otras funciones. Por ejemplo, la de brillante amaestrador de de bestias o asesino. Opta por esta última y la cumple por el dorso de la manera que usaria Dupin para encontrar al asesino que, dicho sea de paso, no queria ocultar su rostro ni por asomo. ¿ O es qué, acaso, se imagina usted a Quevedo con el rostro cubierto?

Cinco. Los sueños de la razón producen monstruos, decía Goya. Baudelaire también lo dice pero de otra manera y refiriéndose a Poe. Poe lo dice, también, pero refiriéndose a la vigilia. Un lio. Monos enfiestados, atarantados por la ira o el alcohol, y con navaja. Pero ahí aparece Don Martin y recupera la razón, la llama al orden, con disfraces de los monstruos más antropomórficos. Fractalizados hasta el infinito en lo pop, pero, siempre, dejando en claro el peligro. Me refiero a esos monstruos a los que se les desplazó el pulgar. En seis carillas aborda todas las perspectivas, hasta los trasuntos conspiranoicos y los mitos urbanos derivados de la maldad antropomórfica primigenia. Don Martin logra, como sólo los sabios pueden hacerlo, llevar lo fantástico al terreno de lo cotidiano que es, en realidad, donde pertenece, perteneció y pertenecerá. Don Martin, como Poe, se relame en las miserias de la civilización y la provoca. Sin excusas, sin medias tintas, sin metáforas, sin deconstrucción, sin mariconadas. Los personajes de Don Martin se ven embaucados por lo que les rodea, como usted y como yo. El disfraz de gorila no encierra nada más que la (bendita) confusión. Piglia dice que la figura del detective cumple una función arquetípica que sintetiza al último intelectual, al intelectual de estos tiempos. Hay una diferencia radical entre buscar motivos atmosféricos para ruidos escabrosos y dedicarse a cazar fantasmas. Según esto Dupin sigue metiendo la mano obedeciendo a su desparpajo en la tarea de descifrar misterios sabiendo de antemano donde puede estar descansando el tesoro, la respuesta o el error. Una mierda, oiga, porque el nonsense, como lo fantástico, más que una desvirtualización, es un estado de gracia de lo cotidiano.

9 Comments »

The URI to TrackBack this entry is: http://hijotonto.blogsome.com/2007/01/31/no-es-la-constatacion-de-nuestra-ociosa-culpabilidad-sino-la-marca-de-nuestra-milagrosa-e-inutil-inocencia/trackback/

  1. Vaaaaaaaaale. Que Eddie Valiant es el último adios a los verdaderos detectives me parece un paso enorme en toda su holmesiana deducción teñida de un dupianismo que para que añadir más. Quizá todo sea triste, solitario y final.

    Comment by Alvy Singer — February 1, 2007 @ 1:13 am

  2. jejeje

    Comment by Hijo Tonto — February 1, 2007 @ 8:34 am

  3. Yo creo que mas que Holmes o Dupin está Marlowe, Alvy. De hecho, así lo intente hacer. De hecho, mierda, no lo logré. Pero, eso sí, Valiant ES un verdadero detective. El más verdadero de verdad.

    Comment by Hijo Tonto — February 1, 2007 @ 10:24 am

  4. Borges es mi escritor favorito ever. Tengo sus Obras Completas y las he leído y releído ya varias veces.
    Cortázar me gusta solo como cuentista. Sus novelas más me parecen borradores que obras terminadas.

    Hay razón en eso que citas de que hay más por leer que por escribir.
    Creo que la gente escribe por un afán autorreferente. Nos gusta ser leídos, hacer llegar nuestro raquítico mensaje a la mayor cantidad de receptores posibles. Mal que mal, la escritura es una forma de comunicar.

    En sensu estricto, ni siquiera deberíamos hablar. Hay mucho más por escuchar que por hablar…

    Saludos:

    Seb :)

    Comment by Sebastián Barros — February 1, 2007 @ 3:53 pm

  5. Dupin, Holmes o Poirot??

    Comment by Sebastián Barros — February 1, 2007 @ 4:11 pm

  6. Valiant, siempre Valiant!

    Comment by Hijo Tonto — February 1, 2007 @ 4:52 pm

  7. Tengo que decirle un par de cosas:
    -Que esos dos discos no los conocía y me ha ALEGRADO usted el dia no lo dude. El próximo post de jazz es primogénito de su REGALACO. Y de sherlock holmes estese atento. Gracias , GRACIAS, GRACIAS.

    -Que sus sentencias en Se Busca son profecía. ¡profecía!

    Gracias.

    Comment by Alvy Singer — February 3, 2007 @ 2:53 am

  8. Hombre, Alvy, que bueno que le haya gustado. Y, por cierto, ¿a qué sentencias se refiere?

    Comment by Hijo Tonto — February 3, 2007 @ 11:55 am

  9. A las de Wanted de Milar & Jones, novelita gráfica lumpen que estoy leyendo con un entusiasmo mayúsculo.

    Comment by Alvy Singer — February 3, 2007 @ 3:49 pm

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>



Anti-spam measure: please retype the above text into the box provided.