No es la constatación de nuestra ociosa culpabilidad sino la marca de nuestra milagrosa e inútil inocencia.

January 31, 2007

Uno. Mi modelo de detective es Eddie Valiant. Mi modelo de detective, quiero decir, no le busca la quinta pata al gato. Le busca la tercera sabiendo a ciencia cierta que tiene cuatro. No tiene ninguna certeza. Ni en lo tangible y concreto. Mi modelo de detective es la decadencia hecha carne, es el que da por cierto lo inverosimil a sabiendas que ahí - en la batalla retórica que se gana por más puntos en inventiva - está derrotado de ante mano. No tiene una teoria para apañarse, es víctima de la casualidad que trata de develar. Para Eddie Valiant resolver un misterio es suicidarse. Por lo menos un intento. Eddie Valiant es un detective hecho y derecho porque sabe que no tiene nada más que hacer como tal, porque resuelve los casos con el manual para consultarlo. Y lo sabe, el muy cabrón lo sabe. Y lo sabe tan bien que no argulle artimañas para proponer que sobre los gestos, o los actos, están las tetas. Mi modelo de detective no es Sherlock Holmes. Tampoco Auguste Dupin.

Dos. Decia Baudelaire: Su destino está escrito en toda su contextura, brilla con siniestro resplandor en sus miradas y en sus gestos, circula por sus arterias con cada uno de sus glóbulos sanguíneos. Y, Poe, sabio como sólo él, al momento de morir, respondió lo siguiente: ¡Qué Dios se apiade de mi pobre alma!. Si vamos al contexto, un (posible) ataque de delirium tremens a mediados del siglo XIX, puede sentarse como cierto qué, en cuanto a su obra y sus modos, razones tenía para pedir auxilio supremo al dios paracaídas que todos tenemos bajo la manga. Aunque me atreva a pensar que Poe recibió a la muerte con un chascarrillo, por eso la frase. Pero ese no es el punto, el punto es que la larga vida de Auguste Dupin, incluyendo aquí el nacimiento de un género literario que grandes placeres nos ha dado, no es producto del buen vivir y del mejor razonamiento sino de la creencia de que un hombre, como tal, no puede ser tan horroroso. No como el mismo Poe, por cierto. Dupin, por lo que alcanzo a leer en Los crímenes de la Rue Morgue, se niega a que el asesino sea un hombre. De hecho, es más, está seguro que no es uno. No encuentra un cabello no-humano, busca un cabello no-humano. Su lógica, su inventiva, se basa en la misericordia. No hay develación de pistas, hay búsqueda de pistas. De asideros. Dupin no es, digamos, un gran detective per se, es un hombre necio y tozudo con buena educación. “Elemental, mi querido Watson”, reza el mejor alumno. Su lógica, en suma, es producto del descreimiento supremo en cuanto a animalidad trata y sus maneras de llevarla a la práctica descansan en un siempre fructífero asidero práctico que lleva a la conclusión irrevocable. Esto con un desparpajo al afrontar la negativa del entorno que es propio de dioses, iluminados o, ya que estamos, locos. Dupin, digámoslo así, no era dado al anal.

Tres. Un halo de perfección es lo que cubre a la obra de Poe, como a la de Verhoeven. Eso y un sentido de la comedia, la más directa de las artes, ventilado por Andy Kaufman. Dupin se me antoja un chiste de Poe en base a la conciencia que tenía, quizás basada en su propia experiencia, del error. Del error inexplicable, inimputable e inabarcable. El error, sus esquirlas, siempre desencadena en brutalidad. El error, según Poe, son los adalides de la civilización. La brutalidad es, desde una mirada moral, dejar libre a la bestia que cobijamos. Que, en algunos casos, es en la que el propio ser humano se reconoce. Decía Bergson que el antropomoformismo tanto como la pretensión antropomórfica causaban gracia. De la risa al terror hay un paso. Incluso conviven. Hop Frog. La solución al error la propone un ilustrado. En este caso Dupin, quien, mire usted, no cree en la sola posibilidad de error. Por ende, Dupin, en vez de disfrutar de la poesia de Poe la hubiera psicoanalizado. Matando, de paso, a Poe. Dejándolo sin fantasmas. Dupin es, de buenas a primeras, el peor enemigo de Poe. Poe lo presenta como el máximo chambelán del juicio inapelable. Un ejemplo a seguir. Clase, sabiduría y saber estar a baldazos. Dupin, por las noches, me parece, sueña con un orangután que lo persigue. El orangután se saca la máscara. Poe, por un segundo, tiene el rostro de Dupin. William Wilson. O, quizás, Hop Frog otra vez.

Cuatro. Hop Frog, bufón, invita a su rey a disfrazarse de oraguntán. Lo disfraza de oraguntán. La razón de ser del bufón es mear fuera del tiesto, provocar. El rey no puede mear fuera del tiesto porque es posible que un noble le pierda el cariño y el respeto. Que le deje de mandar vinos. O no. Ni idea. Hop Frog obliga al rey, sin que este se de cuenta, a mear fuera del tiesto. Hop Frog mata al bufón. Hop Frog puede, abiertamente y sin reproches, cumplir otras funciones. Por ejemplo, la de brillante amaestrador de de bestias o asesino. Opta por esta última y la cumple por el dorso de la manera que usaria Dupin para encontrar al asesino que, dicho sea de paso, no queria ocultar su rostro ni por asomo. ¿ O es qué, acaso, se imagina usted a Quevedo con el rostro cubierto?

Cinco. Los sueños de la razón producen monstruos, decía Goya. Baudelaire también lo dice pero de otra manera y refiriéndose a Poe. Poe lo dice, también, pero refiriéndose a la vigilia. Un lio. Monos enfiestados, atarantados por la ira o el alcohol, y con navaja. Pero ahí aparece Don Martin y recupera la razón, la llama al orden, con disfraces de los monstruos más antropomórficos. Fractalizados hasta el infinito en lo pop, pero, siempre, dejando en claro el peligro. Me refiero a esos monstruos a los que se les desplazó el pulgar. En seis carillas aborda todas las perspectivas, hasta los trasuntos conspiranoicos y los mitos urbanos derivados de la maldad antropomórfica primigenia. Don Martin logra, como sólo los sabios pueden hacerlo, llevar lo fantástico al terreno de lo cotidiano que es, en realidad, donde pertenece, perteneció y pertenecerá. Don Martin, como Poe, se relame en las miserias de la civilización y la provoca. Sin excusas, sin medias tintas, sin metáforas, sin deconstrucción, sin mariconadas. Los personajes de Don Martin se ven embaucados por lo que les rodea, como usted y como yo. El disfraz de gorila no encierra nada más que la (bendita) confusión. Piglia dice que la figura del detective cumple una función arquetípica que sintetiza al último intelectual, al intelectual de estos tiempos. Hay una diferencia radical entre buscar motivos atmosféricos para ruidos escabrosos y dedicarse a cazar fantasmas. Según esto Dupin sigue metiendo la mano obedeciendo a su desparpajo en la tarea de descifrar misterios sabiendo de antemano donde puede estar descansando el tesoro, la respuesta o el error. Una mierda, oiga, porque el nonsense, como lo fantástico, más que una desvirtualización, es un estado de gracia de lo cotidiano.

Una expresión estática que le desdibuja el semblante.

January 28, 2007

Este miércoles se celebra, en el mundo mundial, el DIA INTERNACIONAL DEL TRAJE DE GORILA. Ahí, a su derecha, pueden ver el bannercito alegórico que demuestra mi más profunda problemática con photoshop y todas esas cosas. No soy un clasicón de esos que siguen entintando a mano pero es que esto de los programitas se me da realmente mal. Lo lamento por sus ojitos ávidos de cosas bellas, pero para eso tienen otros blogs.

En fin, me digo, hagamos un teaser que después se me aparecen el miércoles por aquí y no entienden de que viene la cosa o, en el mejor de los casos, para donde va. El miércoles será uno de esos días en que mi ego se espera las pedradas de rigor, les juro. Porque corresponderán.

Y es que a mi el día del traje de gorila me llena de ilusión y de amor como a otros la navidad o su cumpleaños. Y la respuesta es simple, vaya que sí: es MAD y es Don Martin y todo lo que desde ahí se construye o se deconstruye… y válgame dios si no es poco. Pero al rato entro en conflictos morales y me veo comiendo las mismas pollas de siempre y pim pam pum. Supongo que para muchos de los que el año pasado festejaron en modo blogger On lo que voy a decir puede sonar un poco molesto, pero bueno, que la cosas son así cuando se hacen cosas a forma de grupo y a mi me pasa que siempre termino cayendo en tonteridades.

Les hago un poco de historia:

Uno. Octubre de 2005, Santiago de Chile. Mi gran amigo Roberto Barreiro, también o tan bien conocido como señor Sanata, me decía, borracho yo, de mandarles mailes a Tones y a abs para organizar una celebración del día del traje de gorila. El hombre es un pajero de aquellos que casi que no quedan, un amor. No tiene mucha clase ni mucho estilo, no. Nunca lo confundirán con un agente secreto pero por sus gritos y saltitos de felicidad lo reconocerán donde esté. Algún día lo grabaré con un telefonino mientras se le atragantan las palabras hablando de Killing. Un espectáculo de proporciones infantiles pero, eso sí, demasiado bien documentado. Aunque entre las onomatopeyas y la velocidad se pierda algo de legibilidad. Esto nació, la idea de la celebración, de una conversación bloguerística que desencadenó en, según recuerdo, una perfilación de lo pajero y su correcta festejación. Teniamos tiempo y estabamos contentillos por la sed saciada. Los primeros calores, vamos.

Dos. Noviembre de 2005, países de habla hispana en general. Se crea Bizácoras. Un index de bloguitos que partió muy bien, que TODOS agradecimos mucho, pero que después se perfiló, creo, mal. No se que coño hacen ahí blogs como Dadanoias y Spaulding, pero ya, a estas alturas, es seguir mirando el vaso medio vacío. Lo que no implica que no vea a Dadanoias como ejemplo de la puta mierda en la que se ha convertido este formato. Ya, qué por esa manerita de enseñar las tetas va a valer la pena…

Tres. Enero de 2006. Primera festejación del día internacional del traje de Gorila. Ordenada por Bizácoras como lanzamiento oficial de la página-index. Frustrante, además. Salvo los de siempre, el resto, como siempre, confundió las cosas. Y no es que yo sea el máximo chambelán del criterio inapelable pero es que, en los hechos, si no es por Tones, como lo hablamos en su momento, nadie se entera de quién coño es DON MARTIN. Lo que no es ya insultante, sino, deliberadamente, de una falta de criterio que ni yo. O que yo también, ya, pero hace un año no tenía tiempo para escribir y como no lo hice deberia de callarme la boca. Creo. Pero, ante esto, siempre tenemos a abs y a la meditación de lo pop y así, así, a pasitos de niño, se va recuperando lo otro. Lo importante. Qué los peligros del traje de gorila decía el muy cabrón. Odienlo. No, no, no. No lo odien, bésenlo en la frente y díganle cosas bonitas. También a Tones y a Sanata y a Noel y a Higronauta y a la tristemente desaparecida Aura. Seguramente se me quedan unos cuantos pero yo estoy aquí resacoso, sediento, y con un dolor de cabeza asesino. Ah, y estaban unos textos maravillosos de un niño antes llamado max. No es excusa, creo, pero la memoria de aquí a un año atrás no funciona, no como debería. Algunos están ahí, a la derecha, donde dice “No Ocultarás Referencias”.

Cuatro. Y pasó un año. La lista de correo de bizácoras es practicamente un desierto. Yo tengo mucho tiempo para escribir pero escribo poco porque no hay mucho que decir. Casi nada. Me lamento porque Cataclismo y Bonhomia no sigue. Y es que aquí al mostrenco se le tiene en un altar, se le lee, en la medida de lo posible, con atención y mucha ilusión. Si alguno de ustedes guardó en su disco duro los textos de Costa en ese blog le ruego me los envie, yo le corresponderé con un muchas gracias y alguna que otra cosa. Incluso algo ignoto, si la suerte me acompaña.

Cinco. Y me planteo la idea de tomar este post y mandarlo a la mierda. Ctrl + A y luego Supr. A la puta mierda con el metapajerismo. Pero no, señora, oiga, NO. Copipasteo:

En el parque está sentada una muchacha, leyendo. Es una mañana radiante de otoño, o si lo prefieren ustedes de primavera, lo mismo da. El sol calienta sin acalorar y reina un silencio apenas roto por el trino de los pájaros. Es lunes, y por el parque apenas pasean unos pocos ancianos, de vez en cuando una mujer de la mano de un niño. El pelo largo de la muchacha le cae por los dos lados de la cara, ocultando su perfil. No hay modo de saber si es más o menos bonita, pero eso no importa ahora. Lo deseable, de entrada, no es la muchacha por sí misma, sino
la postura que adopta, la situación tan dichosa que protagoniza: eso de estar allí sentada, al sol, absorta en su lectura, columpiándose en el tiempo. Un tiempo suspendido entre la hora fugitiva y tangible de esta mañana radiante y la hora recuperada en que transcurre la acción del libro que está leyendo. Pues se trata de un libro, obviamente, y a la vista de su aspecto cabe asegurar que es una novela. El observador, intrigado, se acerca ahora al banco en que la muchacha
está sentada y espía con disimulo el título. Desde donde está no alcanza a leerlo, pero sí distingue, bien grande, el nombre del autor. O de la autora, en este caso. Pongamos que se trata de Rosa Montero, o de Isabel Allende, como ustedes prefieran. De pronto, el encanto se ha
quebrado. Decepcionado, al observador ya no le parece la situación tan dichosa. En este mismo momento la muchacha levanta su vista del libro y encara su rostro al sol. Es hermosísima. Pero la situación que protagoniza ya no es tan dichosa. ¿Por qué?

Este extracto es de Ignacio Echevarria. Lo escribió como parte de su actividad como columnista en la Revista de Libros editada, por esos tiempos, diciembre de 2005, los días viernes como suplemento de el diario El Mercurio. Hoy dicha revista, por esas cosas de la vida, se edita, a la manera de una extraña muestra de justicia para con la mayoria de sus contenidos, como un apéndice menor de otro suplemento de escaso pelaje del mismo diario: Artes y Letras. A día de hoy, el texto de Echevarría, lo pueden encontrar a modo de epílogo en una preciosidad de libro editado por la Universidad Diego Portales. El libro en cuestión se llama Desvíos y vendría a ser un complemento a Trayectos, donde el crítico se explaya o se explayó sobre literatura española. En este nuevo y necesario volumen lo hace o lo hizo sobre literatura latino-americana. Y aquí abandono, hasta cierto punto, los datos biliográficos y cronográficos.

La crónica en cuestión se llama Muchacha leyendo y en su completitud, jeje, responde, de forma más o menos apodíctica, serias dudas, resquemores y sudores fríos que me/nos recorren cuando veo los charts de los libros más leídos. Sobretodo los charts hispanoparlantes. Supongo, como me decian por ahí, que es de una pedantería insoportable el pataleo ante estos items y que, de alguna manera, no va o no llega mucho más allá del pataleo en cuestión. Incluso, en muchos casos, la verbalización incorrecta, aunque honesta, del pataleo, termina matando al pataleo. El propio pataleo, su verborrea rabiosa, extermina el alcance del hecho en cuestión provocando o convocando anticuerpos en el lector. Si es que lo hay, claro, pero ese es otro tema. Copipasteo otra vez:

Declaración de principios:
En principio yo no tengo nada contra la claridad y la amenidad. Luego, ya veremos.

Esta vez el copipasteado es Roberto Bolaño personaje que, cosa que puedo decir con cierta seguridad, se seguirá apareciendo, aunque de forma fantasmagórica, como le corresponde a su condición, en este/a blog sin criterio. La cita forma parte de un discurso pronunciado cuando al argentino Alan Pauls le dieron un merecidísimo premio Herralde por esa excelente novela que se llama El Pasado. El discurso completo lo pueden encontrar bajo el nombre de Los Mitos del Chtulhu en un libro que lleva por nombre El gaucho insufrible.

La claridad y la amenidad propia de los best sellers son las razones a las que Bolaño hecha mano para explicarse, explicarnos, el por qué de la condición de best sellers. Y a la vez, de la condición propia de la literatura en todas sus formas, colores y olores. Porque, creo no equivocarme, desde una mirada demasiado amplia y en función de los lectores en su generalidad, la literatura es todo aquello que se escribe. Aunque, sabemos, cualquier acción concreta convoca/permite un juicio, venga desde donde venga y vaya para donde vaya. Y el escribir, como el leer, son una acciones concretas. Siempre desde una mirada muy amplia, donde cualquier cosa es admitida como literatura, se nos permite la posterior exclusión. Y Benjamin, siempre, cierra el asunto: Quien no pueda tomar partido debe callar.

Esta última frase puede sonar acomodaticia, fácil, de una cadencia que no va más allá de una justificación un tanto ampulosa – en cuanto respecta a los prejuicios contra el citado -pero, como decía Tones, todo esto es como pertenecer a un club de filatelia y darte cuenta de que has estado toda la vida mirando los sellos por la parte de la goma. Así que mejor me callo y copipasteo una respuesta a la pregunta que planteaba Echevarría. Una respuesta que, con algo de suerte o ganas, es la de un tercer observador. El resto, como siempre, es suyo de ustedes…

Ay, ay, ay, ay, los inconscientes, qué lejos se remonta el rastreo, la asechanza, el acoso.

Prefiero Dixie Chicks y un buen gramo de Speed.

January 20, 2007

OK…
Una vez Randy Beaman tuvo que bañarse con su hermano…pero una vez su hermanito se meó en la tina…y ahora Randy Beaman se ducha solo.
Bien, adiós.

Me entero, hace unos días, que una PARTE de la cabeza de Hitler está en Rusia así como un PEDACITO del cerebro de Mussolini descansa en EEUU, en algún laboratorio de la CIA o algo. Hace un rato he visto un nuevo video hecho con un telefonino de la ejecución de Hussein, gracias a esto vuelvo a recordar el pseudojibarismo borderline. Y todo esto, de la nada, me trae la imagen borrosa del día que se acuñó el famoso 11-S. Bueno, de la nada no. Ese día tenía una resaca monumental, igual que ahora mismo. Soy inexacto: teníamos una resaca monumental. Un amigo, la única persona que conozco capaz de hacer que un dealer desconocido le venda la droga a mitad de precio, se despertó cuando grité, con un enfasis que aún no logro descrifrar: Hostia puta. Mi amigo, que dormía en mi sofa, entreabrió los ojos, movió a su novia de su pecho con una delicadeza que tiendo a llamar amor, y, con la mirada fija en la televisión, dijo: Hijo de puta, la próxima que me despertés para ver DE NUEVO el final de Fight Club te parto la jeta. Su novia se despertó y, desesperada, dijo: Chicos, esto es un momento histórico. En un segundo apareció mi novia de esa época que salía del baño al tiempo que el segundo avión se estrellaba con la otra torre. Ella, lo más cercano que he conocido al amor hecho carne, miró la televisión de reojo y sin ningún atisbo de sorpresa dijo: Y ahora por dos años sin pelis con malvados politiqueros. Mierda. Eh, seguro que queman los deuvedéses de Fight Club, las copias de Leviatán, el Corán y así infinitamente. ¿Veamos cuánto sale un pasaje a EEUU?

Inicio del inciso.

(Poner aquí una foto completamente borrosa de dos personas donde se entiende, pese a la infima calidad de las fotos de móvil de hace dos años, que se besan. O algo.)

Ei, ex novia con sentido del humor, siempre te he querido y siempre te kre. Ahora me voy a suicidar y sellar nuestro amor, me voy a suicidar lentamente poniéndome otra botella de ginebra entre pecho y espalda pork aunk no te lo haya dicho nunca: te amp.

Te amP.

TE AMP… TE AMPUTARIA LAS DOS PIERNAS.

Fin del inciso.

Fight Club fué mencionada dos veces por dos de las tres personas que me rodeaban mientras la tercera persona en cuestión hablaba de momentos históricos y en televisión se daba pie a uno de los momentos patentados por la cultura de la transición: la información en forma de repetición hasta el hartazgo de un clip que interrumpe cualquier emisión. Interrumpimos su programación habitual bla ble blí. En menos de un minuto mi cabeza hizo kaput y lo único que se me ocurrió fué que, realmente, la cerveza fría le hace bien a la resaca. Luego del primer trago dije: ahora, en este preciso momento, Fight Club se vuelve de, argh, culto. Una peli mainstream que va de ir en contra del mainstream que se vuelve de culto gracias al mainstream provocado por una situación que en todas sus acepciones o miradas, vaya, es producto del mainstream. No soy capaz de decir si mi profecia se cumplió. Si de contarles que hace unos meses un amigo de infancia usaba como nombre en msn la siguiente frase: Soy las ganas de verte de Jack. Este amigo, según me comentaba, además, juega borracho al club de la pelea. Se lia (borracho) a hostias con sus amigos. El momento que supongo más glorioso, según su excitación al relatar el evento, se sucedió cuando se partió un diente con su puño. No había nadie más con quien jugar. No es que sus amigos se hubieran rendido, es que estaba sólo en su casa viendo el canal playboy.

Pero, si lo pienso mejor, el recuerdo de las dos putas torres viene, también, del recuerdo traumáticamente fresco del primer visionado de ese himno a la inocencia volcado en un tutubo® que ha hecho de Delfín hasta el fin una figura de, argh, culto. Uhm. Me explico: Me inquieta, mucho, y no es exactamente el quemadísimo tutubo de marras en sí mismo. Maldición.

Tomando en cuenta el maniqueismo con que nuestro ecuatoriano favorito maneja las entrevistas y los medios para dar a conocer su trabajo, todos gratuitos y de libre acceso, se esconde una suerte de genialidad que apabulla casi tanto como cuando uno cae en buena cuenta de que el hit tutubesco® no es un fake. O no lo que entendemos por fake. El video es REAL, pero, sin duda, alguien se lo ha hecho así a propósito. No me deja de parecer obvio que Delfín repita lo que le dice una voz en la sombra en uno de los making off. Nada de lo que pueda decir me puede sorprender, no a estas alturas, lo que me inquieta profundamente es La Voz. Esa voz que le dice: habla así, hace esto, esto otro, usa este trajecito, que el bloguito de marras, que hacer linkes a páginas y fotologs que te ponen en ridículo… Y la avalancha de tutubos®, no sólo de falsas cintas dadas vuelta, no sólo covers en versión metalera sino que hasta edición karaoke y versión animada de dibujos hechos en paint. A La Voz no le basta con mostrar la estupidez de Delfín a trazos gordos, si no que absorbe y luego vomita todo lo que el público -ese ente extraño que no se equivoca nunca- , dice, calla y hace. Y caigo en la cuenta que hace todo esto en la misma plataforma que las novedades de los beatles y ahora mismo se me pone la carne de gallina. Me explico: La mailing list oficial de los beatles, hace como un mes, envió un correo donde anunciaban un nuevo tutubo® y una próxima actualización en my space. Dudo que esto sea casual como dudo que el tutubo de los beatles lo haya visto más gente, en habla hispana, que el de las dos putas torres.

Pero, ojito, que los beatles estan haciendo una (fallida) estrategia de marketing para vender más copias del último disco salido al mercado mientras que La Voz esta montando un chascarrillo en gran escala y al mismo tiempo le sube el ego a este pobre animalito de dios. La Voz sabe que la maravilla de la internete de marras es que uno puede tomar cualquier cosa y convertirla en algo brutalmente hermoso para el vecino gris que se gana la vida en una oficina.

Si en unos días me entero que Delfín es un proyecto de The Residents no me sorprendería en lo más mínimo, porque el proyecto Delfín es como si Troma se dignara a producir/distribuir cosas como el espectacular remake de Alien que hizo Catar_sys hace, por lo bajo, 12 años. Cuando era un niño. Quiero decir: un paso lógico. Troma durante años ha prodigado la decadencia y el error forzado como bandera, el problema es que se nota mucho y uno pierde sorpresa, interés y así infinitamente después de ver una segunda peli de la dichosa factoria, reduciendo los posibles visionados futuros a un estado etílico avanzado y cargado de la risa floja. La versión de Alien que Catar_sys nunca editó es superior a cualquier peli de Troma porque, en efecto, a pesar de no tener un mostruo y de estar actuada por niños armados con pistolas de agua en un DESCAMPADO, produce el mismo terror que la cinta original:antes y después que aparezca el monstruo que, en el caso del remake, no está. Con esa misma lógica Delfín hasta el fin está a pasitos de volverse un reality show a la manera de un cóctel asesino de blogspot y tutubo a partes iguales y ahí, cuando el plan maestro sea completamente develado, nadie lo recordará. Pobre.

Pero, de todas maneras, lo más hermoso del jibarismo llevado al misticismo -la conspiranoia, a pesar del agua bajo el puente, conserva unos rasgos místicos que solo lo pop-, lo puede hacer usted en su casa. Como demuestra el risible plan de La Voz. Conección a internet mediante, claro. Todo esto, supongo, además, porque hoy he leído un maravilloso post en la web de Ultraplayback firmado por la bellísima Ponny Tail. NOTA: Ustedes también deberian leerlo y deleitarse para luego, de rodillas, pedirle continuidad a Ponny Tail. Estoy tan de acuerdo que me da miedo, sobretodo por la sutil y apabullante distinción que hace entre información, conocimiento y acumulación. Luego, veo esto. ESTO. Y se que no deberia poner el link, de verdad. Pero viene al caso porque cierra, por su propia falta de sustancia, un post anterior. No les pido que lean ni un post, no hace falta, ni siquiera que visiten el link. Yo les cuento lo primero que uno lee: Babel, una película para pensar. Bien. Sí, pensar siempre es un buen ejercicio. Pero, vamos a ver, una película para pensar. Me lo repito, es que no entiendo: Babel, una película para pensar. Pensar, sí, pensar. Pensar, el panorama del verano chileno. Sí, claro. Bien. Verano, pensar, playa, pensar,sol, pensar,calor, pensar, tetas, pensar,culos (gracias a dios) argentinos, pensar. Pensar. Yo, habitualmente, no me enriedo en lios retóricos, pensar, con los blogs que no leo habitualmente. Fundamentalmente porque no los leo. Pensar. Líos retóricos. Medioriente. Me da un cierto atisbo de ternura el proyecto, sí. Gente que sale de sus computadoras para revolcarse oralmente en las miserias de los demás. Lástima que no hablamos de coprofilia. O de pedofilia, por decir algo. Hablamos de miserias, de cosas mal leídas y peor escritas. Hablamos, precisamente, de información, pensar, no de conocimiento. Apoyo la moción, compañero ferroviario, todos tenemos derecho a decir lo que queramos y como queramos, sobretodo si, hasta cierto punto, el espacio es gratuito. Pensar. Babel. Pensar. Y ahí se me va la olla. Vuelvo a leer a Ponny Tail, pensar, y me sistemo. Me sistemo, tomo aire, prendo otro cigarrillo. Pienso que mi cuerpo me exige verano y que la niebla no me deja ver más de 2 metros. Tengo frio. Babel. Medioriente. Las DOS torres del centro histórico de Bologna. Una está hasta la mitad. Babel. Pensar. Salgo del cine y me quejo del intervalo y del doblaje. Han pasado meses. Pensar. Sistemar(me). Pensar el sistemar. ¡Bingo! La propuesta de los blogueros chilenos es sistemar el pensar. No se por qué no me extraña que su primer accionar sea dar clases de bloguerismo gregario. Universidades y Empresas. Bloguerismo a pedradas. Delfín, hasta el fin. La Voz es un error de cálculo y usted que ha llegado hasta aquí – y a quien saludo : hola – ya no recuerda que he mencionado a los Residents. No importa. Si los recordara, le comento en voz baja, los hubiera buscado en google. O no. Es posible que tenga todos sus discos. De ser así, le ofrezco sumas de un par de ceros por dos o tres. Luego, usted, saltando de link en link, o no, hubiera llegado indefectiblemente donde John Oswald. Plunderphonics. Si, por esas causalidades de la vida, lo escucha, notará la importancia de los p2p y del libre acceso a la información para el desarrollo de un discurso, en este caso, con sustentosas claves de continuidad conceptual. Como, por ejemplo, también las tiene Ultraplayback que, además de todo, TODO, tiene sus emepetreses disponibilísimos. Hasta ahí vamos bien. El problema es que los blogueros chilenos que llaman a pensar Babel excluyen a los que se ubican en el anonimato. Y hablan de los p2p como pirateria. Y pretenden explicar como funciona blogger, o, mejor, como poner linkes. O, lo que es aún más escalofriante, como administrar los contenidos. Llaman a pensar una película porque toca temas de actualidá. Me horroriza, del mal, que sobre esto uno de los figurantes de este proyecto haya recordado y subrayado, durante el taller legal para bloggers (?) realizado en Santiago durante noviembre del 2005, que no habia que desestimar los blogs como herramienta comercial. Que sí, oiga, que si mis queridísimos (4 o 5) lectores me quieren ayudar a comprarme más deuvedeses yo feliz, pero, ojito, que eso no es lo mismo que herramienta comercial…

Me detengo. Me paseo por la web y miro los contenidos. Pienso en el proyecto de libro que he retomado. Encuentro información sustanciosa. Tomando dos o tres citas sintetizo un capítulo en desarrollo. Obviamente lo dejo pasar, temo una demanda. Esta gente habla de refundar Chile, de hacer algo por Chile. Sonrio, puede ser el cansancio. Hay uno que habla que para lograr este proceso de refundación debemos conocer nuestros nombres y características, nuestras historias. Nuestros rostros. Lo dice con el mismo tono con el que Don Francisco dice, entre lágrimas, que no se llega a la meta de la teletón. Que, en términos netamente discursivos, es lo mismo que dice cuando se rie de la señora gorda que por una tele pierde el respeto del vecino del departamento de abajo que por asco-pena nunca más la ayudará a sacar la basura. Hablan de generar movilidad en base a la emocionalidad que puede llegar a generar una imagen de, por ejemplo, una gorda infollable que escribe esplendidos cuentos eróticos. El blog de la gordita simpática se pierde, ya no me pone. Ya no pone a nadie la pobre. No logro erradicar la imagen de su enorme humanidad arriba mio. Tengo miedo. Me prendo un cigarrillo. La cultura del buen rollo me da por el centro de las pelotas porque es irreflexiva. Dicen que hay que dejar de lado las ideologias. Me pregunto si la comunicación (real) es posible y horizontal cuando la opción para su existencia, de la comunicación, depende de olvidarse de uno y quedar reducido a una imagen. Una imagen grabada con un telefonino que, por supesto, pasa a formar parte de un importante ángulo de información que sostiene, por ejemplo, google.

Cuando se confirme que las imágenes de la muerte de Hussein son obra de un adolescente que tiene muy claro como funciona el programa de editar video que venia con windows 95 – porque es el único compatible con Nokia, no por otra cosa- es probable que sea una señal inequívoca de que el fin del mundo está cerca. O de que, finalmente (more…)

Imperdibles (1)

January 18, 2007

Habemos, creo, unos cuantos que no podemos vivir sin la tarjeta de crédito. Es que en las putas tienditas donde encontramos el material del que nos regozijamos ante amigos y vecinos nos cobran un ojo de la cara y un poco más. Siempre, de toda la vida, me he preguntado cual es la necesidad de cobrar tres o cuatros veces el precio de tapa sólo porque es importado. Pero bueno… ellos, si no bajan los precios, pierden algo más que el margen de ganancia.

Gonzo, Hunter S. Thompson.

Creo que todo lo que pueda decir está tan quemado que da miedo. Pues nada, qué lo único que lamento es que, tarde o temprano, terminaré leyendo, mientras cago, la insulza observación de ese payaso que se apellida Deep. Y el precio, claro.

Council of the Gods (1950), Kurt Maezig.

Nazis científicos, locos y multinacionales. ¿No es hermoso? Ya después me diran que el dinero no es para tirarlo así…. Ya, es que, por favor, ante esa premisa…


Jiri Barta: Labyrinth of Darkness

Ha salido hace casi tres meses y todavia no lo tengo. Lo normal, diran ustedes. Pero no, eso no es normal. Jiri Barta, como Svankmajer, me encanta, me enloquece. Me hace mearme del miedo, me hace pensar en la verdadera existencia del error. Es que el horror existe. En Europa se encuentra de todo, me dijeron. Mentira, señores, que sigo comprando por internete y pago más por gastos de envio… Algún día, si puedo, hablaré en detalle de la animación checa. Trailer: Me da mucho más miedo Jiri Trnka.

El Vampiro (The Vampire) & El Ataud del Vampiro (The Vampire’s Coffin) - 2 Disc Special Edition (1958)


Una colección sin esto, verdaderamente, no es colección. No de terror, por lo menos. Hace unos meses a una persona que me era demasiado cercana le regalaron un libro de mierda, de un autor que ella odiaba. Se lo dejó, total, ella colecciona libros. No nos hablamos mucho desde que manifesté lo que yo definia colección.

Fell Volume 1: Feral City (Paperback)

Dos putos meses. Dos putos meses más…

No culpes a dios de la muerte de tu perro (1)

January 17, 2007

A pesar de mi excesivo y compulsivo interés en las diferentes formas o soportes para narrar a los documentales nunca les he encontrado la gracia. Si es que la tienen, claro. Uhm. Borro con el codo: La tienen. Me gusta mucho, demasiado, la lógica de remix o rejunte de material sin editar que, muchas veces, es llamada documental. El trabajo de Craig Baldwin, por ejemplo, me parece hermoso por su propensión anti-estética en cuanto al arte cinematográfico y su puta madre y porque él, como autor, se ausenta de sus trabajos. Sus documentales los puede hacer cualquiera con un programa de editar básico y mucha paciencia para surfear en los laberintos del material libre de derechos o, en su defecto, en los abismos de las leyes de copyright. Encuentro absolutamente hermoso que el hecho de hablar de su trabajo en búsqueda de un mensaje intrínseco sea una caida libre en el error, porque, precisamente, no trata de demostrar nada. La famosa frase de Fellini – Yo sólo quiero mostrar - es el único dogma al que obedece Baldwin y yo lo abrazo y lo beso en la frente. No hay nada peor que la super conciencia del creador al momento de hacer un acercamiento a su obra. Odio a los magos que explican sus trucos en el escenario. Por eso paso de las inauguraciones de exposiciones y de las presentaciones de libros, a menos que sean de amigos. Odio a los artistas, excepto a mis amigos artistas. Quizás por todo esto la figura de Michael Moore, en todos los sentidos, me da un repeluz cercano al asco. No entiendo el afán de decir que ciertas producciones son documentales siendo que, en realidad, se esfuerzan en trastocar la realidad a mostrar incluso desde el momento en que deciden registrarla. Pero, una duda me asalta ¿qué es, exactamente, un documental?

Según la RAE:

documental.

1. adj. Que se funda en documentos, o se refiere a ellos.

2. adj. Dicho de una película cinematográfica o de un programa televisivo: Que representa, con carácter informativo o didáctico, hechos, escenas, experimentos, etc., tomados de la realidad. U. t. c. s. m.

Según Wikipedia.

documental.
El documental es un género cinematográfico y televisivo, realizado sobre la base de materiales tomados de la realidad. La organización y estructura de imágenes, sonidos (textos y entrevistas) según el punto de vista del autor determina el tipo de documental.

La secuencia cronológica de los materiales, el tratamiento de la figura del narrador, la naturaleza de los materiales -completamente reales, recreaciones, imágenes infográficas, etcétera — dan lugar a una variedad de formatos tan amplia en la actualidad, que van desde el documental puro hasta documentales de creación, pasando por modelos de reportajes muy variados, llegando al docudrama (formato en el que los personajes reales se interpretan a sí mismos).

Con frecuencia, los programas de ficción adoptan una estructura y modo de narración muy cercanas al documental, y a su vez, algunos documentales reproducen recursos propios de la creación de obras de ficción.

Creo que, llegados a este punto, no sorprendo a nadie cuando digo que me ponen mucho más los mockumentarios. La definición de documental, según la RAE, es tan vacia como el género mismo. Aunque, por cierto, esa delgada línea de irracionalidad y napalm que separa al documental del mockumental me atrae tanto o más que las hermanas o madres de mis amigos. Quiero decir: la sola sensación que me produce la gente que asume que quiere hablar de la realidad, aún cuando asumen que sólo pueden tomar una faceta, me pone la carne de gallina. Porque, desde ese preciso momento, estamos cayendo en la lógica de joliwud que me aleja, por estos dias, de las salas de Cine. Nunca he terminado de estructurar la razón del -al parecer obligatorio- subrayado en casi todas las pelis que he visto este último año, no termino de entenderlo ni de aceptarlo. O somo todos imbéciles o McKee le ha hecho más daño al Cine de lo que yo creia. O, lo que es peor, ya no hace falta ver una puta peli de principio a fin.

Aunque a primera vista la definición de la wikipedia parece sensata, no me deja de resultar de un maniqueismo más de esos que ponen parches antes de las heridas. Con esa lógica siempre nos faltaran razones para la gritadera de rigor, o para salirnos del Cine ante bodrios insoportables disfrazados de realidad como Farenheit 9/11. O, en este caso en particular, ponerle stop al documental Salvador Allende del premiadísimo Patricio Guzmán que, precisamente, se ajusta tan bien a la definición de wikipedia que… que…

El tratamiento de la figura del narrador o como terminé queriendo ver de nuevo El triunfo de la Voluntad.

Con la crianza de izquierda (de las más bajas calorias) que mis padres me dieron este documental deberia parecerme una maravilla, pero, claro, apenas ellos se daban vuelta yo me ponia hasta las cejas de televisión y música en inglés. Recuerdo que una vez mi padre y mi abuelo discutieron porque el segundo en cuestión veia conmigo pelis de John Ford. Todos saben que John Ford era de, digamos, derecha. Para mi padre John Ford estaba vetado porque era de, digamos, derecha. El problema es que, a día de hoy, tanto mi padre como, en el caso que estuviera vivo, John Ford tienen una idea de la izquierda y de la derecha que tanto la izquierda como la derecha estan tratando de amnesiar o anestesiar. Creo que la discusión se acabó cuando mi abuelo le dijo que yo, a mis tiernos cinco años o seis años, veia pelis más allá de las ideologias porque esas intentontas a mi generación ya no le correspondian. De paso, mi abuelo, aclaró que los cómics del Capitán América los compraba él. Todavia no habia caido el muro y Pinochet seguia desapareciendo gente. Mi abuelo era entonces, digamos, de derecha. Aunque sus ideas dijeran lo contrario. A día de hoy, tanto la izquierda como la derecha se incomodan por el vaticinio radical de mi abuelo. Entonces, con este panorama, la izquierda financia a Guzmán y le da una tribuna que John Ford, con este panorama, no tendría por ser, digamos, de derecha.

Las armas de lo basado en hecho reales son de destrucción masiva
, me decia un amigo hace pocos minutos. Aunque, lo cierto, es que eso lo acabo de escribir. Si no hago la aclaración usted no se entera de que mi amigo no existe. Y de esta misma manera, Guzmán nos tiende trampas que llevan kilos de retórica barata y florituras que, como las metáforas en estos casos, son innecesarias. Guzmán aborda un tema peliagudo con la sensibilidad de mi abuela. Me explico: si yo, en mi calidad de nieto preferido, llego borracho a una cena familiar y la lio con algún familiar no es mi culpa, es del familiar (sobrio) en cuestión. Guzmán hace exactamente lo mismo que mi abuela en su peli: la culpa no es de Allende, la culpa es de todos los otros. Incluso de los que lo votaron… Y ahí empieza un apaño de cien minutos, un señor apaño premiado en Cannes y en cualquier otro festival de la intelectualidá militante de izquierda(s). Allende como eje y centro de la refundación del palabro Revolución. Y el triunfo en festivales y en público tiene que ver con eso de la anestesia de la propia izquierda que, antes de meter Segunda, dejó de lado a Chávez. El activista político más inconciente y ególatra de los últimos veinte años pero, a la vez, el más simpaticón.

La figura de Allende necesita ser puesta en boga porque, con el pasar de los años, ha ganado la batalla de la historia. Si, Allende es mejor que Pinochet porque no mandaba a matar gente, porque no era (brutalmente) autoritario… Las comidas de mi abuela son mejores que las de mi ex porque mi abuela cocina menos pasta, la comida de mi abuela me hace ir mejor de vientre. Extraño la comida de mi abuela. Bien. El problema es que nunca le he dicho a mi abuela que cago mejor cuando como su comida. Sabemos que no es sólo eso, sabemos que la caida de Allende tiene que ver con otros entornos, con otros istmos. Guzmán tienen un problema de clave de continuidad conceptual al tratar de ilustrar a Allende como santo y martir de una causa perdida desde su gestación al tiempo que se preocupa de mostarlo como chileno. Y los chilenos, como dijo Raoul Ruiz, son rotos, borrachos y tratan mal a las mujeres. ¿Entonces? Pues nada, que el documental de Guzmán se vuelve, vaya, una disertación sobre un ícono camiseteable que usted podría escuchar de cualquier insulso joven comunista. Y ante eso no tengo nada (malo) que decir. Sólo sentir envidia ya que mi idea de martir tiene más que ver con Elvis, quien, mire usted, tiene mucho que ver con esto.

Me remito a El Blog Ausente:

“Soy Elvis Presley y lo admiro (…) le expresé mi preocupación por nuestro país. La cultura de la droga, los elementos hippies, los SDS, Panteras Negras, etcétera no me consideran su enemigo o un enemigo del establishment, como ellos lo llaman. Yo lo llamo América y la amo. Podría hacer el bien si se me nombrara Agente Federal Antidroga de por vida y ayudaré trabajando a mi manera (…) He realizado un profundo estudio sobre el abuso de las drogas y las técnicas de lavado de cerebro comunistas (subrayado mío). Conozco bien el tema, y puedo ser de la máxima utilidad y sería feliz de ayudar…”

Bien, que Nixon le da la chapita antidrogas del FBI y el rey va y se la muestra a Tom Jones. Tom Jones contesta lo obvio. Elvis se enfada para siempre jamás. Fin.

Guzmán, en su documental, hace ahínco en que la CIA pagó una enorme campaña publicitaria en contra de Allende. Lo señala tantas veces que se olvida de señalar, a menos que en ese momento haya parpadeado, que los aviones que bombardearon la moneda estaban piloteados por norteamericanos. También olvida señalar, por ejemplo, que durante primera mitad de la década del sesenta a los enclaustrados en campos militares se les asustaba de madrugada al grito de Ahí vienen los comunistas. Olvida, ui, información fundamental. Las largas conversaciones entre Castro y Pinochet apenas se dan a entender, apenas se mencionan. ¿No se los puede epatar al momento de hablar de Allende? Pero…. ejem, ¿Soy yo o ambos nombres tienen que ver, de forma extremadamente directa, con la caída de Allende?

Del documental me encantan los subrayados que Guzmán no vió. La hija de Allende: Mi padre era un vividor… esteh, DE LA VIDA. Un vividor de la vida. Y después una brillante analogia de un poblador que sabía de muy buena fuente que Allende tenia una amante: Que claro, que lo bueno de ser político es que uno puede conseg… acercarse a las mujeres de otra manera. Es que así se ven las cosas de otra manera. Así llegó Allende al poder… enamorando a la gente. La censura, supongo, no viene al caso. Nunca sabremos si Allende quería follarse o no a la gente, es intocable. Y ahí la paradoja que vuelve al Golpe de Estado un tema de sobremesa imposible porque las posiciones son siempre reducidas a blancos y negros. Despierta pasiones bajas y se acusa de revisionista cualquier pregunta sobre el accionar de las altas esferas del partido socialista. ¿Por qué Guzmán aborda a Allende desde una perspectiva tan acaramelada? Porque se fué al exilio.

Una de las cosas más graciosas de la angustiosa capa de amnesia que, según Guzmán, cubre Chile es que no todo está como está gracias a Pinochet o a la derecha. Cuando a la gente de la, digamos, izquierda se le pregunta por casos de corrupción se da tres mil vueltas en el aire y se rasga las vestiduras. Si usted le hace la misma pregunta a uno de, digamos, derecha, sin parpadear responderá que está tranquilo, que San Pinochet le habló y le dijo que todo va a estar bien. Esto se lo pueden permitir por la falta de información de la que goza el país. Los medios estan divididos entre los de derecha y los de izquierda, como hace varios años. Como cuando fue el golpe. La, digamos, izquierda, tiene entre sus más importantes emisores de información a exiliados que, sin dejar de rasgarse las vestiduras, lloran por ese paraíso socialista que se perdió y las lágrimas no le dejan ver ni el árbol ni el bosque. Informan, meten ruido, en forma de turbios goterones que son muchas veces ilegibles y otras tantas asquerosos. Aunque lo peor, sin duda alguna, del Chile actual es la Concertación de partidos por la democracia: un menjunje de, digamos, izquierda que sostiene políticas de, digamos, derecha. Hace poco me entero que el colegio de periodistas de Chile, presidido por un PPD y apoyado por el infame Guiller pide una ley que impide ejercer como periodistas a no colegiados, enviando a los no colegiados que publican a la cárcel. Y luego, la misma institución en nombre del gobierno, como quien no quiere la cosa, casi por debajo de la mesa, le da premios y dólares a Guzmán porque ante la falta de información siempre nos queda la nostalgia. Sobretodo en forma de campaña publicitaria…

Guzmán se enfada conmigo para siempre jamás. Fin.

Yo de mi vida quiero contar cuatro cosas (1)

January 12, 2007

Durante las tres cuartas partes del 2006 y la última cuarta parte del 2005 trabajé como administrador - marca - catálogos - limpiabaños en una libreria que se transformó en un lugar de distendimiento y conversación de todos los tipos para el comprador asiduo. No eramos libreros en los primeros excelentes tiempos, eramos lectores. Lectores de esos que han hecho de la costra una forma de vida. Y esto lo digo con orgullo, con el orgullo de haber dicho: oiga, esto de las librerías debería de ser de otra manera y haber logrado la primera meta en tiempo record. Gracias, gente. Fue una gozada durante la cual el criterio se me terminó de perder al tiempo que el ego se me festejaba. No sólo me sometí a una cantidad de lecturas que, madre mia, no tenian teología ni geometría sino que, además, me di el lujo de usar la verborrea sintácticamente violenta a troche y moche. Nadie, nunca en la vida, me va a pagar la cara de la señora que me pidió, de forma pedante, el último puto libro de mierda de Isabel Allende. Pues, mire, señora, primero me dice buenos días y después yo le digo que ese puto libro de mierda no lo trabajamos. Y me acusarán a mi de pedantería y pseudo intelectualismo pero yo les puedo asegurar que si hubiera sido amable Marosa di Giorgio le hubiera parecido fantástica.

Si usted pedía la Melancólica muerte del Chico Ostra se le mostraban los tres maravillosos tomos de Gorey editados por Valdemar. Busco libros sobre género, toma Camille Paglia. Pensamiento Contemporáneo, ahí tiene a Debord y no me mire así que Chomsky parece de hace cien años. Tienes el libro pero no en esta edición con un cuento de más, pues venga, tome asiento y lea.

Puedo señalar que las mejores ventas, proporcionalmente, fueron durante las vacaciones de la jefa. Atender público borracho es un arma de doble filo. A nosotros, dos, nos devolvió el alma al cuerpo… a ella la envidia le carcomió los sesos, pobre.

Esta lista está hecha en base a esos momentos en que me decía: Mierda, estoy LEYENDO y me pagan por hablar de esto que estoy leyendo. Incluso por (a escondidas) hablar mal. O casi.

2 de narrativa + 1 de ensayo + 1 de poesía, lo más disfrutado del 2006

Fantasmas, Chuck Palahniuk.
Leído en primera cuenta en inglés, no leí el final porque misteriosamente desapareció, el volumen de relatos inconvenientemente dibujado de novela que lleva la firma de Palahniuk se volvió un buen compañero de viajes del trabajo a casa y de la casa al trabajo (Sloterdijk merece, exige, un sillón mullido y mucha calma). Un exorcismo a base de violencia para un trabajólico empedernido. No quiero entrar en detalles, claro, acerca de la profunda catarsis que se prodigaba a cada pasar de página. No es lo mejor que ha escrito, me digo al tiempo que recuerdo como me partia de la risa con Tripas. No es lo mejor de Palahniuk ni de lejos. Lo mejor de Palahniuk es que el pobre hombre se sometió a una cirugia para agrandarse los labios y que se inventó, o en su defecto pagó, a gente que vomitaba mientras leía. Lo mejor de Palahniuk, como decía, a los gritos, una sabia Chili Temple son las ganas de cruzarle la cara con la mano abierta y alevosia (atención a esos comentarios, por dios). Aunque, claro, por otras razones. Cabronazo.

Bonsái, Alejandro Zambra.
Una de las particularidades de Bonsái es que no es una novela al uso, ni una nouvelle al uso, ni un poema al uso, ni un cuento al uso. Bonsái, a pesar de su raquítica extensión, 96 paginitas de nada, es una obra literaria con una maravillosa fortuna que plantea (casi) todas las preguntas genéricas y de estilo que se puedan hacer de una forma inteligentísima: recortando. Generando en el lector de a pie comentarios tan extraños como No debería haber dejado a este personaje y blú blú blú. Mientras algunos debaten de si es o no es una novela (?) para escritores, yo digo que, con dos cojones, Zambra se dió el lujo de hacer un primer libro de, digamos, prosa lírica para LECTORES.

The Disappointment Artist, Jonathan Lethem
Amazon, a ratos, es una puta mierda. Así que después de insistir dos veces dejé de lado las enormes ganas de leer este librito de ensayos y artículos. Hace poco más de un mes lo encontré en una libreria en el centro de Modena y, claro, la tarjeta más rápida del oeste hizo presencia. Juro, en serio, que si sus tetas hubieran sido más dignas se lo hubiera dejado, incluso la habría invitado a un café y luego le habria enviado un sms para saber que le había parecido el libro. No sólo es un libro de esos gestálticos, que completan círculos, sino que, además, rebosa de una prosa en forma de gloria absoluta y acribillante. La razón de mi peculiar exceso de interes en este libro era el un ensayo sobre Philip K. Dick. Se llama: You Don’t know Philip K. Dick. Y su primera línea dice: Don’t like I do anyway. Pues eso mismito: Don’t like I do anyway.

Dicho sea de paso, Claudio Bertoni.
Mi relación con la poesía es tan extraña como mi relación con los superhéroes. Pero ahí, en esos recovecos, no quiero entrar. Bertoni con una actitud casi zen, armado de líbido y de la veracidad de la inmediatez cercena cualquier atisbo de mariconeria o innecesaria floritura lírica (se puede, señora: el feng shui es tan zen como mis calzoncillos de spiderman) con poemas tan hermosos como el que les transcribo a continuación

Estoy tratando de distinguir
Las pajas por vicio
De las pajas por amor

Ustedes mismos. Y usted, señora, sepa que el feng shui es tan zen como mis calzoncillos de spiderman.

Cuatro que quedaron atrás por simple olvido pero que no me dejaron dormir.

Bolaño por si mismo, VVAA. Entrevistas a Roberto Bolaño
Este es, quizás, el libro definitivo sobre mi queridísimo Roberto Bolaño. No solo por la inmensa sabiduria que se arropa en sus páginas sino porque, además, cuenta con una labor de edición encomiable. Algo que, en estos tiempos esemesísticos hasta los cojones, no se deja de agradecer. Y aquí, también, una paradoja: ¿no es qué acaso la labor de edición debería ser siempre así? Yo digo SI, sino, la X-treme no sería la única competencia de la Edge. Y ojito, cabroncetes, que esto no es amiguetisismo.

Esferas Vol. 3, Peter Sloterdijk
No sólo es el cierre del círculo, sino que, además, se vuelve absolutamente y primariamente necesario a pesar de ser una tercera parte. La obra monumental, por tamaño, de este alemán simpaticón es tan hermosa que, por ciertas bocazas, ha sido denominada como anarco-capitalista. Lo cual, a pesar de como llena la bocaza, no deja de ser absolutamente hermoso. La tendencia, imperante, de leer una línea de cada tres me da tantas alegrias que no puedo evitar sonreir. Sonreir y seguir leyendo. Y no entro en detalles porque usted, espero, ha venido aquí a pasar un buen rato y no a dormirse. Pero, sí, esta obra tienen todo para que dentro de 20 años sea objeto de estudio.

Danza Macabra, Stephen King.
De este hombre uno siempre, a estas alturas del partido, se espera lo peor. El hecho de que parezca que no revisa las barrabasadas que escriben los monos adiestrados que tiene, seguramente, por amantes no me deja de fascinar lo que por ende me lleva a pensar, decir, gritar, que quiero otra novísima novela más. A poder ser una cada mes. Danza Macabra es interensantísimo, extenuante, un viaje a la oscuridad del lado pop – como se me sale el niño que leía fangoria, han visto?- que no había disfrutado desde la primera lectura de The Monster Show de David J. Skal.

Autobiografía, G. K. Chesterton
Olvidarme de esto texto y no volver atrás es, quizás, una certeza de que me ha hecho pedazitos ciertas concepciones de la labor del escribir. Y también de la memoria, señora. Chesterton, la tercera parte de la santísima trinidad del ensayo anglofono en general y británico en particular – no pierdan su tiempo los otros dos son De Quincey y Swift – da tantas luces, tantas, que uno va y se abre un bloguito de marras para que su recuerdo sea cada vez más encomiable.

Anexo: Las cuatro cosas que no salieron el 2006.

Le Voyage d’hive, Georges Perec
El viaje de invierno, en español, no es una estupenda obra-oda al plagio por anticipación. Y esto lo he leído en tantas partes que me llega a dar miedo. Muy por el contrario, este librito embolsillable es la sonrisa socarrona del que sabe que, digan lo que digan, la copia y posterior ocultación de las fuentes no es menos que un apaño de las lindes de la creación a las lindes del mito furioso de fines del siglo XIX. Y menciona, no sin cierta actitud iconoclasta digna de un Literato, que a cada página que furiosamente adorna, con letras, al Experto recalcitrante se le aparecen, por arte de magia, otras 42 en blanco. Toma.

Mantra, Rodrigo Fresán
La disgresión de un pajero hecha letras. En Mantra el bueno de Fresán - aunque tan simpaticón que llega a dar asco- aloja pruebas fehacientes de que la infancia es esa cosa que, vista sin nostalgia (de la puñetera, aclaro), mezcla la realidad y la ficción de una forma que llega a descolocar tanto que da miedo. No tanto por la forma que toman los recuerdos versionados sino por la posibilidad de que la versión fantasiosa y aderezada sea más parecida a la realidad que el mero recuerdo. Quizás no tanto en cuanto a hechos, pero, de seguro, sí en cuanto a sensaciones. Y a la larga, me dicen, eso es lo que importa. Entonces, usted, señora, dice: es que era joven, no sabia lo que hacia… pero, eso sí, siempre me interesó la contabilidad. De niña jugaba con una calculadora.

Wanted, Mark Millar y Jones.
Ese otro maestro de la estética de la acumulación que se llama Mark Millar – tenemos, entre otros, a Warren Ellis, a Groucho Marx y, a ratos, a San QT- escribió un cómic notable que, por dios, es una versión - aunque abs mencione primero a Matrix- de Fight Club. A lo que iba, si uno es tan sádico como pretende parecer Wanted se vuelve una fábula de esas que uno querría leerle a un hijo por las noches. Cuando aún no sepa leer. Primero Carrol, luego Millar y después, seguro, aprende a leer solo. La estética de la acumulación tiene tanto que ver con rojas capas y sucios momentos críticos de tierra infinita como el impulso iconoclasta con las hostias y/o persecusiones. Quiero decir, la estética de la acumulación está formada por la capacidad para entrecruzar, entretejer, un tramado de múltiples lecturas. Pero de lecturas o guiños concretos, no de libre albedrío vuelto santo y seña para poder obviar de forma gratuita leyes gramaticales o continuidades narrativas. Y en el arte de narrar es donde Wanted, spoiler, le rompe el culo con todo a Fight Club. Cuando el uno se apaña con desórdenes del sueño, el otro saca de la chistera un hombre-mierda que usa traje, sombrero y corbata.

Mindfucking: Come fottere la mente, Stefano Re
No sólo aprovecho este post para hacer notar mi plurilingüismo lector y llenarme la imaginación con toneladas de poses pseudo intelectuales que tanto le gustan a las estudiantes de letras o teatro sino que aprovecho, además, para hacer un llamado a que se traduzca este folletín libresco al español de forma inmediata. Vamos a ver, se trata de una preciosísima descripción en detalle del fenómeno conspiranoico tomando la conspiranoia como si en sí misma tuviera un peso específico para hacer un acercamiento con técnicas propias de la criminología. No explica que es, explica COMO FUNCIONA y en ningún momento la menciona literalmente.

Cuatro recomendaciones en cuatro formas:

Forma 1

Relatos 1 y 2, John Cheever.
Podría estar horas pero solo diré que es justo y necesario. Es Nuestro Deber y Salvación.

Ygdrasil, Jorge Baradit
De estancada prosa pero a punto de ebullir de tanta floritura estilística e innecesaria este libro es…pues.. esto… divertido. Marylin Manson en un trip de peyote. O san pedro, que el autor es chileno. Malamente tildado de Sci-Fi Ygdrasil se desgasta tanto en describir el paisaje que, a ratos, tiene unos vacios de esos que ni yo. Pero vale la pena porque es el otro lado de un espejo que yo no miro ni de reojo. Un nieto pretendidamente rebelde del gastadísimo boom de la literatura latinoaméricana… Cyberpunk con mapuches, mierda, ya entienden.

Narrativa completa Vol. 1, H. P. Lovecraft
Bueno, que la traducción no es una belleza pero, oiga, que tenerlos todos en uno o dos tomos es tan lindo como… esteh… bueno, eso. Para los pajerísimos otra cosa repetida, para los otros, la carne de su mejor y más honesto trabajo. Me refiero a Houellebecq, bribones, quien se pasa de tanto entusiasmo quinceañero.

Kafka en la orilla, Haruki Murakami
Uno de estos autores que, pese al ranking, no defraudan ni un poquitín. Bueno, Tokyo Blues es tan obviable como Alberto Fuguet o Tim Lott. Pero cuando vuelve al lado no oscuro, como me obliga a no dormir el muy cabrón.

Forma 2

Obras Completas & Algo +, Nicanor Parra
Este extensivo y extenuante catálogo de la poesía de Parra entre el 1935 y el, vaya que hacen bien en tener un buen editor, 1972 es tan fundamental como las mamadas. Que son la sal de la vida, oiga. Tomen nota, también, de los Discursos de sobremesa.

Poesías completas de Alberto Caeiro, Fernando Pessoa
Más que una oda al caracter metamórfico de una obra este interesantísimo paseo por las entrañas de alguien que nunca podré soportar se transforma en una forma interpretativa de un psiquismo aletargado y siempre melancólico que evita que uno, al escribir, caiga en obviedades. Por respeto. Porque uno, lo saben de sobra, no tiene una pizca de talento.

Una nota estridente, Enrique Lihn
Yo leo mucha poesía chilena porque la narrativa chilena es, en su mayoria, una puta mierda. Y aquí entra Lihn, a los gritos,a explicarle a este animalito de dios que mencionaré más adelante que cojones es el metalenguaje. Lihn es, quizás, el maestro del humor en la literatura chilena porque, precisamente, carece de tono festivo. Lihn hace de la ironia bien utilizada un arte al tiempo que deleita con una lírica que me pone, literalmente, la carne de gallina.

El habitante de otoño, Alexander Pushkin
Una de esas cosas impepinables es la virtud de los rusos para con la literatura. Qué hace frío y son muy pocos para tanto espacio. Supongo que eso explica el título de un libro que, de tan bello, me ha dejado sin palabras.

Forma 3

Balas perdidas 1-4, David Lapham
Esto es género Negro, por dios santo. Y ahí lo teniamos, en esa sección. Género Negro, en grande y ahí Balas perdidas al lado de Chandler. Sin City no figuraba en esa sección, por supuesto, Sin city estaba en la sección Remixes. Con dos cojones y toda la alegria de tenerlo todo en cuatro tomos y no en revistitas.

Los Domingos, Mauro Entrialgo
Posiblemente una de las obras que más adoré este año que se me fué de las manos sin que me diera buena cuenta. Lo leí dos veces, la segunda, como toma de aire mientras me atragantaba con la memoria, la historia, el olvido de Ricoeur.

Bardín el superrealista, Max
No solo le da con una regla en la yema de los dedos a esos del subrealismo y su putísima madre sino que, además, encanta. Me encanta. Lo compro todo. Estuvo dos meses en mi baño, para que se hagan una idea. Deme dos del último de Max, por favor. Me decia a mi mismo.

Tricked, Alex Robinson
Es que es como 24 pero con más onda, así de necio pero más afín. Como si un amigo del que hablaré proximamente fuera un 24. Porque no son personajes de 24, son 24.

Forma 4

Entrevistas a Enrique Lihn, VVAA
Aquí un libro que se sostiene gracias a que resulta más cómodo que los recortes y las fotocopias. Fuenzalida, editor, hace una mierda de libro con un material impresionante. El libro se sostiene, claro, pero por uno que quiere leerlo si o si.

Sexual Personae, Camille Paglia.
Vayan y comprenlo. Ahora, aunque falten quince minutos para las cuatro de la mañana. Arte y decadencia desde Nefertiti hasta nuestros días y ese pasaje por Dickinson, ese tour de force, que me ha sacado lágrimas de pura envida negra y horrorosa.

Gamers, VVAA
La edición italiana, salida hace poco, trae unos ensayos extras que no le hacen justicia a esta belleza de librito en inglés. Afinquémonos al inglés, por favor. Que las diferentes aproximaciones al ambito videojueguil, en este libro, son una gozada y la traducción muy mala. Yo lo descubrí y lo leí por primera vez en 2006, aviso.

H. P. Lovecraft: Contra el mundo, contra la vida, Michel Houellebecq
Cuando se habla de Houellebecq se tiende a tirar por el lado del palabro: visceralidad. Y aquí tienen taza y media: un saco de visceralidad. Datos erróneos, semiólogia de escuela secundaria pero, sobretodo, un amor tan inmenso que invalida tanto el impostado cariz ensayístico que le da vuelos insospechados. Este es el verdadero libro autobiográfico de Houllebecq por excelencia y al mismo tiempo lo mejor que escribió cuando no hablaba de él. Y Houllebecq no habla si no es de él.

Las 4 cosas en las que no deberian perder tiempo.

Caja Negra
, Alvaro Bisama
Una puta mierda con todas las letras, este animalito de dios que no sabe leer viene y se mete a escritor con este menjunje presuntuoso y mal parido disfrazando la falta de talento de pajerismo mal entendido. Qué no, almendrita, que no, que el pajerismo no es saberse el nombre de pila del guasón en la mítica serie de Adam West y usarlo de personaje secundario. Sí, hombre, que a mi también me gusta Warren Ellis, pero Ellis tiene talento, no como usted. Vaya, rápido, ronda de ejercicios así se deja de escribir tonteridades. A la fine un chiste malo, de esos que riman. No es lo mismo un metro de encaje negro que un negro te encaje un metro. Pero, momento, todo lo que rima es verdadero. Pues eso, que usted se compra el libro y viene un negro y le encaja un metro.

Verano Robado, María José Vieragallo
Todos sabemos porque la editaron, todos sabemos de sobra que ser amiga de ese templo a la ignorancia que es Fuguet significa que te van editar. Ponga una letra de My bloody Valentine, intente que el paisaje parezca burgues, hable en primera o segunda persona. Lea pesimamente a Salinger, se puede, y que su prosa parezca una mala traducción del New Musical Express. Una puta mierda de libro, otra.

Historia del Rey Transparente, Rosa Montero.
Recién pasado el día de las madres, todo el mundo quería cambiar el libro porque le faltaba el final, las hojas estaban en blanco. La puta madre que la parió a esta señora jipi y sus recursos baratos. A mi Rosa Montero me causa sarpullido a pesar de no haberla leído, pero la editorial nos obligaba a recibir los best sellers que pasaban a dormir en bodega… hasta navidad o el día de la madre. La cosa es que mi clienta señora mayor predilecta – cada vez que la veia me ponia burro mientras me preguntaba como debe haber estado hace 40 años, una vez me trajo una foto . Y si, yo tenía razón pero ella es mayor que mi abuela y a esos límites (aún) no llego – me dijo que lo leyera… y nada. No lo terminé, llegué a la página 42, pero adivine el final. Es un mamotreto oiga y yo, que carezco de imaginación, adivine el final en base a lo leído hasta la página 42. Y lo de las páginas en blanco, oiga, qué… qué.. Si eso no es un sinsentido, pues… Si saben de una máquina del tiempo me avisan. Y de paso evitamos que la montero escriba esa mierda.

Muchos huevos, manual de supervivencia para el soltero.
Con ese título podría haber sido una maravilla, como la Guía para la vida de Bart Simpson. O Como convertirse en un hijo de puta de Entrialgo. Pero no, van y hacen un libro para un target objetivo, soltero, que todavía vive con los padres. Alentarlos a irse a vivir solos, dicen los muy hijos de puta. No mencionan lo de la cerveza del domingo por la mañana, tampoco de la ropa interior femenina tirada por todas partes, los muy cabrones van y hacen un manual de como planchar las camisas. Best Seller. Todos los que recien comenzaban la treintena lo compraban, LO DISFRUTABAN. Se reian de los chistes malos, hacian las recetas para impresionar a sus chicas que, obviamente, no tienen. Además de estar mal escrito, lo que a estas alturas del partido no parece ser taaaaaaaaan grave como realmente es, desaprovecha un formato. Lo que más me inquieta: ¿Cómo se hace para copiar mal un chiste de Maxim? En serio, díganme como. Es que es tan tan… esteh… imposible. Si haces mal la transcripción de un chiste de Maxim es que, por dios, pegarte un tiro debes. Si a los treinta tienes que recurrir a esas artimañas es que a los 40 o putas o ná. Yo que ustedes me quedo con mis padres.

La razón por la que sigo en esto (1).

January 9, 2007

No deja de ser una obviedad. Sí. Pero puedo decir con mucho orgullo que no puedo evitar morirme de la risa cada vez que veo esto. Y recuerdo exactamente la primera vez que lo vi. Sí. Era niño e inquieto y, vaya, muy pajero. Mucho más que ahora. Sí. Mis padres me llevaron al psicólogo. Cinco años. Una vida consagrada al gag.

Nanosegundos que se suceden inexorables y todos bendecidos por la eternidad.

January 1, 2007

Hace poco menos de una semana, en un tren, le intentaba explicar a un italiano-artista-plástico (raza particular si las hay: no usan computadoras, no votan y dedican una cantidad de tiempo infinita a hablar de aquello que dejaron de hacer por estar hablando) el por qué de la necesidad de las versiones originales tanto en Cine como en TV. El pobre no entendió a la primera, lo que me llevó a indagar en otras maneras de decir lo mismo para que, por supuesto, siguiera hablando de lo bello que es ver películas habladas en un idioma con una sonoridad tan particular. Como en Matrix el personaje que era jefe de los albinos esos de ectoplasma (Tones, Chaiko: ayuda), ese que decía que lo bello del francés era que hasta las cosas más sucias parecian dichas de un modo elegante. Hace un rato pensaba que era por mi pobre vocabulario, después recordé que la gracia de ser artista plástico y fan de Lynch o de Lost Highway en particular, es el  inmenso espacio para improvisar que deja el referirse a sus películas. Una (bella) instancia de críptica legibilidad qué permite sacar a flote enunciados mal leídos y solapas sin que se hundan en un mar de verbigracia.

Pese a eso puedo sostener, sin ruborizarme, que la versión italiana de Dr. House no es lo peor que le podrían haber hecho a la serie. Hablo del pésimo doblaje. Les ilustro: tomen Reservoir Dogs o Pulp Fiction y cambien las palabrotas por  una versión endulcorada y sin sentido, quiero decir: donde pone Hijo de Puta remplacen por caprichoso. Este ejercicio, a la vez  insultante -para los de siempre- y carne de cañon para maravillosos minutos tutubescos®, termina contando con mi beneplácito porque le da altura a aquello que voluntariamente los realizadores han olvidado. Para los fans de Dr. House la relación, posible, de Gregory House con la doctora Cameron es mucho más importante que el ejercicio  dedesenmarañar las intricadas carencias y anécdotas que carga este tipo cojo increiblemente brillante, obseso y dueño de un ego que se acrecenta a cada capítulo. Ante esto, visto lo visto, la actitud parece ser la siguiente: Los ejecutivos quieren que odiemos a House -siguen, seguramente, con lo del antihéroe y pim pam pum- mientras que los realizadores ven esta relación como un (posible) as bajo la manga para (posibles) próximas temporadas. Es como si los fans estuvieran deseosos de ver quebrarse o caerse (en el amor) a este nuevo Sherlock Holmes disfrazado de médico, mientras, en su versión italiana, House no es exactamente el House de la versión orginal de EEUU porque, como ya he dicho, suaviza  los insultos y el sarcasmo - lo secundario, ojo - y los convierte en extraños cumplidos que dejan entrever un interés real que va más allá de la alumna-ayudante en cuestión. Donde pone: Wow, qué tetas pongan: Wow, qué profunda tú mirada. Alguien me dijo que habían matado al  personaje, yo digo que el último capítulo de la segunda temporada en EEUU es el primero de la primera temporada en Italia. Me explico: En el último capítulo de la segunda temporada - en EEUU - House se ve envuelto en un caos dickiano a causa de un shock  violento, el mismo caos dickiano que hace que en Italia, según el telespectador, House y Cameron follen a escondidas cada  vez que aparecen las letras que anuncian que debemos esperar otra semana. La legibilidad depende tanto de los diálogos como el Tractatus de las comas o de la comprensión y manejo del lenguaje por parte del lector.

Esto me recuerda al extraño fenómeno del que se hizo carne The Ren & Stimpy Show sin Kricfaulsi (el único hombre capaz de leer una línea de cada tres al momento de firmar un contrato con una transnacional y quedarse así tan ancho). Los fanses de toda la vida se empezaron a quejar, debido a lo cual los nuevos creadores - ante la presión del conglomerado Nick (hijos de puta, firmando contratos con analfabetos)-  decidieron, aunque no queda claro si fué de forma conciente o no, seguir la antigua línea. Obviamente esta suerte de revival no funcionó en primera instancia, pero cuando estaban por sacar la serie del aire crearon unos momentos que, en cuanto a cierto carácter iconoclasta y gamberro, superaron a la versión original. La lógica de la taza y media de café funcionó, porque los  fans no querían a Kricfaulsi, querían taza y media de vómitos de gato. El público no se equivoca, nunca. Los fanses menos. En esa época pre-tutubo® en la que tirabamos de VHS-R de importación, las cartas a la redacción rezaban : WELCOME HOME, KRICFAULSI. El próximo paso es hacer una versión norteamericana de la versión italiana de Dr.House, no una cuarta temporada.

-Qué este capítulo lo hemos ya visto, amor.

-Que no, que te lo digo yo, o es qué acaso te acuerdas de que House haya dicho: que chica más bella, entre suspiros

-Es cierto, tienes razón.

-No entiendo por que House ahora es más dulce, hace un par de temporadas en la misma situación hubiera respondido otra cosa.

Abro paréntesis. Se me antoja inequívoco decir que las relaciones humanas, sobretodo las de pareja, representadas en las series o films dan lugar a un interés en el  espectador que puede, incluso, sobrepasar el propio interés en la serie. El padre de un amigo, quién por largo tiempo mantuvo una  relación extramatrimonial, no soportaba la idea de que con mi amigo nos reuniéramos a ver Nip/Tuck en su casa gracias a  la antena satelital que él pagaba para que su esposa puediera ver programas de bricolage, sin embargo él era el único que no se perdía ningún capítulo y que antes y durante la transmición, aunque sobretodo después, sin ningún pudor emitía juicios morales de un calibre que ni Robert Rodríguez imaginaría - en términos literales, o sea: armamentísticos-  para usar en sus pelis.  Nip/Tuck pasó de ser, para nosotros, un divertimento en sí mismo para pasar a ser el espectáculo previo a una avalancha  de monólogos moralistas sin parangón. Este proceso de elaboración de conclusiones que terminaban en la autoindulgencia era sumamente atractivo porque, finalmente, el padre de mi amigo -una gran persona, por cierto- olvidaba que el tema era Nip/Tuck, el capítulo de Nip/Tuck, y le daba a los personajes protagonistas los roles que él cumplía - a la vez - con su esposa y con su amante. Quizás por esto, a pesar de casi no haber prestado atención, cada vez que terminaba un capítulo este hombre de Dios, antes de irse a la cama, abrazaba a McNamara y a Troy, los besaba en la frente y durante este largo y cariñoso abrazo les repetía al oído: todo va a estar bien, no te preocupes, todo va a estar bien. Lo mismo que yo quise hacer, en lo más profundo de mi tímido corazoncito de pokemon emocionado, con el artista visual que durante horas (en un viaje de veinte minutos) habló de Lynch y no dijo nada, aunque no haya  sido -en ningún caso- por las mismas razones. Cierro Paréntesis.

Tratar de explicarle a alguien criado entre el doblaje y las esquirlas del fascismo que es mejor ver las películas en su versión original  es como explicarle a tu novia porqué oscuras motivaciones necesitas ver de nuevo Starship Troopers, es tan complejo como hacerle entender a un palurdo que la Ciencia  Ficción es una excusa para hablar, entre otras cosas, de la condición humana. Así como el amor es un pretexto para hacer (ciertas) cosas. Y cuando hablo de amor hablo, incluso, de amor propio. Del amor propio de Diego en el estupendo Choque de Nacho Vigalondo. O, ya que estamos, del amor filial apenas esbozado en la soporífera Big Fish de Tim Burton. Sí, esa pésima lectura de Munchausen. ¿Qué cojones tiene que ver el amor con la ciencia ficción? En lo concreto: Un épico viaje en tren de veinte minutos que terminó siendo una tortura de varios pares de horas, en la ficción: Matrix. No te puedes morir porque te amo y el geek va y se convierte en superman. La puta que los parió.

En Eternal Sunshine of The Spotless Mind el personaje de Elijah Wood es un menudo hijo de puta que liga con los recuerdos de otro, haciéndose pasar, literalmente, por el otro, y al mismo tiempo es el que permite que se desarrolle la historia mientras encarna, además, esa asquerosa función de nuevo pretendiente que tiene cosas de ese ex que, por supuesto, era el/la hombre/mujer de la vida del otro. No sólo se roba las pantaletas rosas con líneas amarillas que llaman a Joel, nuestro querido protagonista, al recuerdo qué, por cierto,  es llamado a la interacción por otro recuerdo (Clementine) qué, inusitadamente, se mueve a sus anchas en, jeje, el recuerdo como memoria total. O casi, pregúntenle a Vonnegut. El personaje (secundario) que encarna Elijah Wood es, además, el que quiebra el mondadientes sobre el cual se sostiene esa compleja superestructura formada por las interrelaciones de los personajes de la película produciendo así un climax dramático absurdamente sobrevalorado. El personaje de Elijah Wood no quiebra el mondadientes a sabiendas, lo hace por torpeza,  la misma torpeza con la que se enamora de la rubia, en este caso: peliteñida de todos los colores del arcoiris, que no dice nada… porque duerme. Lo que, ya puestos, es el colmo de la legibilidad. Así como el título de la misma película en italiano: Se mi lasci ti cancello, algo así como Si me dejas aprieto supr. Los títulos de las pelis al ser traducidos se vuelven tan reveladores como lo son las lecturas obligadas.

Que, supongo, las hay de dos tipos: las del amor y las del mal. Creo que no sorprendo a nadie si digo que Sandor Marai es una puta mierda. La verdad es que no lo leí por gusto y placer sino como el cumplimiento a las órdenes disfrazadas de recomendaciones de alguien quien, a diario, me llamaba al orden. A sus ordenes. Leer algo por orden-recomendación es entregarse a un juicio de otra legibilidad que es, siempre, diversa a la nuestra. Aunque a veces no se note. Si la vida fuera un festín, esta persona me hubiera dado la orden-recomendación de leer a Dick o, en su defecto, a Jonathan Lethem. Después me habría hablado del futuro o de lo raros que son los profesores de las universidades, pero, siempre, puedo cantar una canción en mi cabeza. Muchachines: la vida no es un festín y como no es así, uno termina perdiendo el tiempo leyendo a Sandor Marai, la contrapartida Europea, en cuanto a cursileria y obviedad se refiere, de Luis Sepúlveda, Paulo Coehlo, Isabel Allende o Alberto Vázquez Figueroa. Como en toda orden-recomendación refugiada en una relación laboral, el cumplimiento del deber se hizo de forma rápida y concisa. Conclusión, la escrita: una puta mierda. Ahora, agárrense, la respuesta del personaje ordenante-recomendante: lo que pasa es que no eres capaz de entender la sensibilidad de la europa del este. La sensibilidad de la Europa del este. Algo así como no entender, no saber, porque demonios desde pequeño no te gustan los tomates. No te gustan los tomates porque desconoces el detalle de ese entramado melodramático plagado de diálogos soporíferos que, delante de un fondo de cartón piedra, permite, disfrazando el amor de drama existencial o el drama existencial en forma de amor, el desarrollo y pronto ocaso de la vida del campesino que los cultiva. Resulta conmovedor enterarte de que es muy factible que no te gusten los tomates porque nunca has tenido los santos cojones de querer ver en vivo y en directo el Guernica, la Torre Eiffel o el Coliseo. La legibilidad de la europa del este, señoras y señores, es ese momento justo donde se te aparece un pedante en el tren y te manda a la mierda el viaje épico de veinte minutos donde, por una vez, la legibilidad - la relación armónica entre emisor y receptor en torno al mensaje o sms- podría haber terminado con un melancómico® final feliz. Como el último capítulo de la segunda temporada de Dr. House. Spoilereo y concluyo:  Resulta que en el último capítulo de la segunda temporada al Dr. House le disparan y cuando abre los ojos lo primero que ve es a Ella. A la simpática doctora Cameron. El problema es que, en realidad, no abre los ojos.