Be a Sadist (IV)
February 14, 2008Hace unos meses, por esas cosas de la vida (o de las tetas, lo que al caso viene a ser más o menos lo mismo) tuve el honor de visionar la esperpéntica Lars and The Real Girl. Uno de esos despropósitos buen rollistas qué, como Juno, van por la vida gustándole al mundo en base a una cosa/sensación qué, dicho sea de paso, le pondría los pelos de punta al Michel Gondry más en armonía con el alma de la tierra: La Empatía.
Partiendo de una premisa que en otras manos hubiera sido una genialidad, una muñeca inflable/de plástico para el tonto del pueblo, se convierte en una oda a la mediocridad y al espíritu cooperativo de poblado alejado de la mano de Dios, ergo: de la civilización. Carente de vicios, manías y maldad, a la vez que lleno de simpáticas puñeterias.
Una película, a todas luces, de reivindicación de la norteamérica profunda. Como si fuera un simple mal necesario, como sí, ejem, hubiera necesidad de reivindicar el un fenómeno qué, incluso sin Jim Goad o Michael Moorede por medio, se reivindica a sí mismo en base a su propia existencia, a su perdurar y a su impúdica extensión. Para los (pre) juicios, colores.
Según los tres sujetos que me acompañaban, la película había estado filmada en algo así como Islandia -confirmado Sigur Ros hace MUCHO daño- por una directora Francesa… lo que pasa es qué, claro, mensaje no le faltaba.




