Be a Sadist (XII)

June 4, 2009

“Pagas cuatro euros, te ponen la peor peli que han podido encontrar, y los de la fila de delante no se callan.”
Sr. Ausente en su Twitter

Llevo un par de semanas diciendole a los cercanos que no dejen, por ningún motivo, de reservarse el sábado 13 para ‘Algo’. Obviamente, claro, luego añado ‘Algo Grande’ y con ‘Algo Grande’ me refiero a esas típicas cosas que luego de 5 o 10 años se recuerdan como momentos míticos en la vida cultural de una ciudad. Y no lo digo en coña, para nada. Estoy seguro, segurísimo, que luego de un tiempo nos vamos a encontrar con gente que se va a llenar la boca diciendo ‘Claro, si yo estuve allí’ y no va a ser verdad. Pero bueno, es parte de lo que hay que pagar cuando haces algo que mola. Y esto, vaya, va a molar. Mucho. Seguro. Lo digo porque yo soy de los que ya estamos allí dispuestos a escuchar lo que transcurre sobre la peli. Con dos cojones, pase lo que pase. Y todos ustedes, los que pueden, deberían hacer lo mismo. Sin duda. Para que nadie les pille mintiendo. Ahí nos vemos.

Señor Ausente · Rubén Lardín ·
Raúl Minchinela · Nacho Vigalondo

comentan con la participación del público la película "Made in China" de John Liu

Sábado 13 de Junio de 2009. 22:00 horas.

Cine Casablanca- Kaplan (P. de Gracia, 115, Barcelona [+]).
4 Euros

Trash entre amigos

Por qué

Ahora que los salones de casa lucen monitores de alta definición y altavoces con surround, el atractivo de ir al cine vuelve a estar en la experiencia compartida.

Trash entre amigos es un experimento para que las películas comentadas, que fueron el origen mismo del cine, se reformulen en el siglo XXI. Y lo hace con las películas que abundan en el absurdo y en lo extraño, con frecuencia de una manera completamente accidental: el cine de serie Z, el cine Trash.

Frente a la película que no cambia, Trash entre amigos busca la experiencia irrepetible, en la que todo se modula con la participación del público.

Quién

Sr. Ausente –autor de El blog Ausente-, Ruben Lardín – reputado gourmet de la serie B, con notable bilbiografía-, Raúl Minchinela –responsable de Reflexiones de Repronto- y Nacho Vigalondo -director de Los Cronocrímenes- comentarán la película en directo, sin pausas ni rebobinados, con la colaboración del público asistente. Allí abundarán en los diálogos disparatados, las tramas incongruentes, la realización insensata y todos los argumentos que hacen del cine de bajo presupuesto una fuente inacabable de diversión.

Qué/Cuál

Para ello se ha elegido una cinta selecta: Made in china. Una producción Hispano-Hong Konguesa, rodada en la Costa Brava.

Made in China está dirigida, producida y protagonizada (en dos papeles) por John Liu, un actor de artes marciales que, tras la muerte de Bruce Lee, vino a Europa a intentar ocupar su trono. Liu se instaló en Barcelona tras conseguir gran fama en Francia, donde construyó una biografía falsa. Liu, pocos años después de Made in China, terminaría en la cárcel de Zaragoza condenado por trata de blancas y abuso de menores: prometía a las chicas papeles como actrices en el cine de Hong Kong, pero en realidad aterrizaban en una red de prostitución.

La película abunda en la fraudulenta biografía de Liu, e intenta colar como revelaciones periodísticas un falso pasado como entrenador de artes marciales para agentes de la cía, lo que presuntamente le convertiría en objetivo de la propia organización. En la cinta se encuentran bizarros experimentos de lavado de cerebro, el uso de accidentes reales de aviación, y una absoluta despreocupación geográfica, en la que Palamós se convierte en Kenia, y Platja d’Aro es la República Federal Alemana.

Dónde

Trash entre amigos se celebrará el sábado 13 de Junio en el cine Casablanca- Kaplan (Paseo de Gràcia, 115, Barcelona [ver mapa]).

Precio de la entrada: 4 Euros.

 

Contacto

 

 

I Want To Believe (VIII)

April 21, 2009

De Nicanor Parra aprendimos una regla de oro que siempre está bien, que está más allá del sesgado criterio de cada uno y de cada cual . Dicha regla es que hay que Joder la Paciencia, y por ahí van los tiros.

Que lo disfruten.

Be a Sadist (XI)

April 16, 2009

Hace un ratito he dejado de partirme con el youtú que me ha pasado eunice, acto seguido se los dejo a ustedes (cuatro).


Y sí, yo también creo que el periodismo nuestro, a nivel global, sale del séptimo.

Be a Sadist (X)

February 21, 2009

Llevas demasiado carmín para ser sólo amigos.

February 3, 2009

Es complejo para uno que se define como sibarita del ruido, entender la multitud de motivos por los cuales un grupo como Manos de Topose vuelve parte del paisaje sonoro habitual. Sobretodo porque es un grupo lleno de elementos que no me interesan en lo más mínimo, un grupo abarrotado de lugares comunes que habitualmente me molestarían o, en su defecto, me harían enfadarme, ensimismarme, hablar con las manos… volverme espléndido y querer dar fuego a Jehová y a su puta madre. Como siempre, vamos. El problema, lo complejo por paradójico y asín, es que me gustan. Tanto que los iría a ver en vivo aunque no tengo idea de lo que dicha aventura podría representar al sólo pensar en el resto de los asistentes. Aunque ahora mismo, de zopetón, me acuerdo gracias a Alberto Olmos y su Hikikomori de ¿Qué vas a hacer cuando descubras que el follar provoca cariño? Recuerdo esto y me río, claro, porque me cambio de tercio y me voy dando cuenta de que con esta frase podríamos empezar definir el estado emocional de una generación o dos. No solo porque lleva la palabra follar -a Bonsai de Alejandro Zambra me remito- sino porque evoca algo que podríamos llamar Zeitgeist Milenarista o, en su defecto, La Resaca De La Fiesta Que No Fue ©. Esto a tenor de no poder demostrar lo contrario nos adentra en la tonteria de nuestra contemporaneidad que, a pesar de expresarse en un modo altamente cursi, no es capaz de controlar ni de tomar la debida distancia de la dimensión melodramática de su acontecer. Centrémonos: Los sentimientos son, digamos, una meditación sobre las sensaciones que vendrían a ser, simplemente, respuestas a determinados estímulos. ¿Qué hacemos con/de los sentimientos que provienen o son enunciados directamente desde el estímulo? Himnos Generacionales: oler a desodorante de chica y todo ese rollo.

En Barcelona, hace unos seis meses o así, me llegó de rebote una charla con el músico japonés Daiho Soga Soga; un talentoso hombre ligado a la improvisación libre desde una perspectiva lúdica -hasta cierto punto audiovisual- que se ve obligado a terminar su actuación antes de tiempo. Su improvisación termina, por lo que me han comentado, en un punto alto de ruidismo festivo y alegria tal que la gente, como era de esperar, aplaude. Aplaude mucho, convocando así a un sujeto que desconozco a invitarles/ofrecerles un lugar en el Sonar y todo. Lo que, ya puestos, habla de la (supuesta) rentabilidad del evento. Pero no nos dejemos llevar por la obviedad, que llegamos a lo importante. Lo importante: resulta que Daiho Soga, a pesar del presunto éxito que denota el aplauso en sí mismo y las propuestas de rigor que, imagino, son fruto de lo que involucra este entusiasmo, no está del todo contento y explica lo siguiente: Lo suyo es terminar el show cuando has bajado el nivel de interés lo suficiente para que sea tedioso para el público. Dicho tedio, según Daiho Soga, obligaría al espectador a replantearse una y otra vez lo visto/escuchado/vivido porque el tedio, como el disgusto o la incomodidad, invita a la reflexión. Sobretodo cuando se ha pasado por un momento que, como demuestran los aplausos habidos – y que, espero, por haber- es álgido e invita al público a interactuar de un modo convencional. El modo no convencional que busca Daiho Soga es, creo, asumir que la performance, el evento o la ceremonia celebrada ha despertado algo en el espectador sin pedir nada a cambio. Dicha falta de interés en la prueba tácita -¿Qué es el aplauso sino la demostración empírica de la aceptación? - implica, además, que la ceremonia celebrada (algún día explicaré esta terminología) cumple su función en cuanto es ceremonia y es celebrada o, dicho de otra manera, cuando fue presente o, ejem, un pasado a evocar a partir de un estímulo. Centrémonos: Lo que propone sabiamente Daiho Soga no es otra cosa que darle caramelos al espectador para involucrarlo, a la fuerza, en el meditar o razonar una abstracción. Manos de Topo logra, digamos, algo similar y sin involucrar talento en lo formal.

Como decíamos desde un principio, el grupo es musicalmente obvio y con esto explica, en sí mismo, el hecho de que no evoque ningún interés en un ámbito meramente musical sino a través de la ausencia de este factor -la musicalidad, vaya- para ir así provocando que todas las opiniones, tanto buenas como malas, se convoquen a este respecto. De nuevo, la musicalidad y/o su ausencia. Manos de Topo logra despertar a partir de un desagrado aparente, producto de la absoluta falta de sorpresa o la exagerada incapacidad de cantar de su, ejem, cantante, un interés que en el mejor de los casos evocaría a una abstracción que se luce en la estructura del texto, de la letra: un bastión desestructurado y salpicado con momentos de humorismo de bar. El hecho de que sus canciones, que ya hemos calificado de posibles Himnos Generacionales, hayan nacido como carne de cañon para atolondrados momentos de ocio en grupo (casamientos, fiestas privadas y así ad eternum) nos lleva, de una manera u otra, a la redundancia sin mesura del pop y no al mote de surrealismo que le han regalado los eruditos de kiosco de toda la vida, que ordenan movimientos según las agendas Taschen. La diferencia de la propuesta de Daiho Soga con la de Manos de Topo tiene que ver con la resonancia: mientras el primero nos invita a juzgar su intimidad con la idea de un recuerdo no del todo agradable provocado a partir del ir generando sensaciones con estimulaciones sonoro-musicales concretas, los Manos de Topo parten de la base de que el recuerdo ya lo tenemos archivado y clasificado, aplicando así un criterio interesantísimo pero no por ello menos limitado: del desfase entre sensación, sentimiento y estímulo hemos sido víctima todos. Daiho Soga, y esto me consta, propone comunicar a partir del eco que puede/busca generar en el espectador/oyente con su constante juego conciente de tonalidades, armonias y sonidos mientras Manos de Topo es lisa y llanamente eco y sólo eco. De esto me nace, otra vez, una pregunta que me atormenta desde pequeño ¿Es posible que todo se sostenga en el texto? Tanto Manos de Topo como Daiho Soga juegan en los límites del formato o de los formatos que uno y otros se han impuesto y esto es, quizá, su único punto en común. Esto y cierta provocación intrínseca que daremos por buena visto el estado de las cosas.

El entorno, según parece, está para pocas hostias o al menos es lo único que me permite explicarme el afincamiento del costumbrismo como cánon en un panorama cultural cada vez más estéril. Lo que lleva a pensar, irremediablemente, que el costumbrismo es en el único campo en el que Manos de Topo puede ganar la batalla o, digamos, llegar a un público masivo; ya que entre sus textos y la estructura de su música se esconde la cobardía como discurso primario mientras que en el caso o en el caos -¡Musicalidad!- de Daiho Soga, por el contrario, no hay otra cosa que valentía ya que negarse al aplauso es, en este paisaje, casi como pegarle a la madre. O peor.

Es legítimo preguntarse hasta qué punto la pesadilla o la piel de la pesadilla es tan radical como enunciaban sus cultores. (I)

January 27, 2009

La cultura es una industria. De hecho, lo que no es industrial, acostumbra a no ser cultura. Un testimonio cultural que no tenga ramificación industrial, no es cultura. Es marginalidad. En ocasiones, por otra parte, marginalidad sin ningén tipo de calidad. O sí. Ni idea. Nunca lo sabremos. No existe.
Guillem Martínez.

El ánimo iracundo que Roberto Ampuero puso en manifiesto en la prensa escrita hace unos meses, respondiendo a Patricia Espinoza y a Leonardo Sanhueza, podría justificar hasta su falta de conocimiento, sí. Y supongo que lo suyo es partir diciendo que Roberto Ampuero está en todo su derecho de hacer lo que hace y hacerlo como lo hace, porque Ampuero, bendecido por su ignorancia y ungido en su falta de memoria, hace un berrinche infantil y de poquísima monta -como su literatura, vaya- para defender a sus lectores, clientes y/o sus consumidores. Que es, digamos, lo que haría cualquier vendedor del tres al cuatro: Defender su patrimonio en base a cuán bien es aceptada su mercancia. Roberto Ampuero es, entonces, conciente de que su capacidad como escritor es menor y que lo que importa en la cloaca que supone su parcela literaria es, como él mismo parece asumir, la rentabilidad.

Hace poco una señora inglesa de cincuentaytantos -a quien sin lugar a dudas le regalaría un libro de Ampuero si no fuera porque yo regalo cosas que me gustaría que me regalasen o me hubieran regalado a mi- me decía que no veía Te-Vé® porque para eso, ejem, tenía los libros. Con para eso, se refería, cosa que ha subrayado, a evadirse. Le basta, digamos, con situaciones infantiles y de poco brio literario o linguístico porque a ella no le preocupa la literatura -¡Ni falta que hace!- sino que, muy por el contrario, le preocupan las pasiones fatuas y ridículas, el ritmo continuo y sosegado, las historias sin mucho asunto donde siempre, según qué humor, pueda o pudiese sentirse identificada. Que nominara a Doris Lessing y al recientemente galardonado De Cleziò no es otra cosa que una ratificación de esto mismo, de la evasión, porque a pesar de que el fin sea siempre el mismo, el evadirse, hay también una búsqueda ulterior de respetabilidad que se manifiesta en el lector minimamente enterado.

Nota: Los media funcionan como la caja de cambios del motor de la lectura, la evasión, dando brios, saltos mortales y peligrosísimas trampas formales con errores de raccord para encubrir este objetivo primordial, la evasión, con un manto de -¡Atención!- respetabilidad.

Los Premios son, entonces, una herramienta de la industria para volverse sustentable en un campo de ideas confusas y de finalidades opuestas. La industria es siempre, y esto conviene apuntarlo, el testimonio de una cultura; de ahí la importancia de la Serie B y el Folletón. La pregunta entonces se convierte en: ¿Qué es lo que le molesta a Ampuero si él mismo dice, a su modo, todo esto? Imagino, luego de intentar recordar con un esfuerzo sin par y doloroso sus textos y entrevistas, que lo que le molesta, profundamente, es ser acusado de mercachifle, ser denostado por tener una obra de una escasa calidad literaria y de encarnar, sin duda alguna, el sino del escritor progre y de derechas que no soporta la imagen del escritor que escribe sin pensar en ventas ni en lectores. Se me antoja entonces que el sueño húmedo de Ampuero no es una fémina, no; su sueño hémedo, lo que se la pone dura, son los anticipos cuantiosos. Cambio de tercio: ¿Cuál es el problema de Ampuero? El problema de Ampuero es que sabe, sin lugar a dudas, que carece de talento y de la corrección política necesarias, ambos elementos indiscutibles al momento de urdir un premio o ser premiado, y por ende tiene que construir su relación con el lector/consumidor a partir de sobarle el lomo y de proponerse a sí mismo -los tiene cuadrados, el pobre- como un mártir ante una crítica anoréxica. Sí, ahí Ampuero acierta, porque los corsarios del ataque personal , como él los denomina, se atacan a sí mismos leyendo o masticando best-sellers.

Nota: Una anoréxica es un alguien, una personita, que en el espejo se ve feucha, horrible, pobre y sin tezón, y que se pone a prueba para mejorar(se) segén lo que demanda el entorno o lo que es o le resulta vecino o cercano. Esto corre también para los anoréxicos, aclaro.

La figura de la anoréxica es la mejor metáfora posible que se le puede otorgar a la crítica chilena porque es una crítica que, como muy bien apunta Matías Rivas, se ve obligada a catar mierda debido a que la narrativa chilena carece de firmas suficientes -¡El Autor, El Autor!- que la ratifiquen como tal. Me explico: Si la poesía Chilena es un perro, como diría Bolaño, la narrativa chilena es, ahora mismo, en el caso de existir, un piojo o, en el mejor de los casos una garrapata, que se alimenta, como muy bien señala Alejandro Zambra, de lo que Neruda inventó. Que no es otra cosa que un balbuceo elegante, un fraseo literario que favorece el rodeo y la eterna divagación; y así el hecho de que el último libro, el que ha llamado a la polémica, de Ampuero se llame El Caso Neruda, no es otra cosa que, ejem, justicia poética.

Es bueno a este punto decirlo en voz alta (carraspeo): Todos tienen derecho a hacer berrinches infantiles, a ponerse en pie de guerra sin teología ni geometría, a reactivar mecanismos de ningún valor retórico, todos. Inclusive Roberto Ampuero. No importa si el problema de Ampuero es que confunde criterios mínimos porque Ampuero lo que quiere es asegurar su parcelita. Ampuero, repito, lo que quiere es vender y, de paso, con sus errores formales, su prosa cursi y su ignorancia bendita porque a sí misma se desconoce, tener lectores. Ambas cosas imposibles de separar o dividir, la venta y los lectores, porque hablamos de público y el público es un ente que al momento de consumir, independiente de lo que consuma, no se equivoca. Nunca. Y esto, la beligerancia con la que se manifiesta la profunda verdad de El Consumo, es algo que la Crítica no entiende y que no tiene por qué entender ya que su terreno lo demarca, para bien o para mal, una función muy distinta a la que llevan a día de hoy reseñistas y redactores o redactores y reseñistas o reseñistas redactores o redactores reseñistas o lo que sea, oiga, que lo que importa es ayudar a vender. O no. Bueno, sí, y esto venía a que estabamos hablando de la crítica, de su labor y de su condición que debe ser entendida como presente o como un tratar de explicar lo que acontece o nos acontece en función de su especialidad e independiente de los buenos modos, de regirse por ellos. Recordad a Benjamin, porfis, aunque no lo merezca del todo.

Les voy a contar un secreto: La crítica chilena sí que ha emprendido una campaña en contra de los autores más vendidos (como Ampuero, como Isabel Allende o el mísmismo Neruda) así como ha producido, desde cierto punto de vista, que algunos autores subsistan o, lisa y llanamente, existan en un paisaje para nada alentador. El problema es producto de la disparidad de criterios que se le suponen a la crítica, siempre solventados en dinámicas de la (c)academia y el mercado, ambas dueñas de valores irreconciliables. Aunque claro, la Crítica chilena con su accionar guerrillero y militante, que en un Tabloide como Las Últimas Noticias cuenta con un espacio de una página diaría, descubrió, aplaudió, difundió y articuló a Bolaño diez años antes que en EEUU; aún deseando, como diría Zambra, que no fuera chileno. Que luego Herralde se la metiera doblada -a la Crítica Chilena, no a Bolaño- es otro tema.

Be a Sadist (IX)

January 24, 2009


Ah, pero… ¿No les habia gustado Ciudad de Dios?

El abrelatas no se le ocurrió a nadie hasta la guerra de secesión norteamericana (I)

January 23, 2009

Es hora de admitirlo, de decirlo a voces: el Culture Jamming de toda la vida -el mismo que empujaría a Mark Dery a elaborar su texto más consistente hasta la fecha- se ha confundido, está confundido. A nivel de movimiento, post-vanguardia o canalización de ira anti-capitalista o lo-que-les-plazca, el CJ resulta hoy a primera hora, sí, carne de cañón para cualquier mal llevada teoría postmodernista por su condición inofensiva. Pero no se preocupen, aquí no ha pasado nada. La culpa en realidad es del museo o del archivo o, digamos, de la condición diatónica de Arte Vivo/Arte Muerto™ que ha llevado, por ejemplo, aunque con frutos de lo más relativos en cuanto a su objetivo ulterior, a Banksy a galerear sus obras adaptándolas a nuevos soportes. Este proceso, este paso a las tres (o cuatro) dimensiones no es otra cosa que la demostración empírica de que el paso subsiguiente a la normalización es hacer de cualquier objeto una atracción de feria, un parque de diversiones. Y no, no estoy hablando de cualidades ni calidades: Mal pensados.

A lo que iba: la culpa podría ser del paso del tiempo de como este daña la estructura interna o externa de cualquier institución y que, además del no-saber, lo único que nos colocaria en nuestro lugar - estar en armonía con el alma de la tierra o algo así- es el volver a los orígenes, escapar de la ciudad y mentar la instrumentalización de la información como pecado capital. Esto explicaría, además, la profunda animadversión que los abuelos del corta y pega y la fotocopia¹ han sentido, o al menos eso parece, hacia Photoshop y derivados durante los últimos quince años. Quince años, vaya. Hay que ver como pasa el tiempo, ¿eh? Si es que parece que fuera ayer. No, esperen, ha sido ayer y antes de ayer y antes antes antes de ayer y, joder, hoy a primera hora. Bueno, vale, que no todos pueden ser Joey Skaggs pero… ¿Es posible que el panorama siga tal cual lo ha articulado Mark Dery hace Quince Años? Bueno, vale, he exagerado, no está tal cual: está peor. Los nombres propios son los mismos, la retórica de los nuevos es la misma y han desaparecido los fanzines. Bueno, vale, no, no han desaparecido, es sólo se han normalizado, standarizado y cobran mínimas regalias por un adsense de los cojones. Vale, me he pasado. No quería. Por favor, no me miren así. De verdad, lo siento: yo les amo y quiero que juntos cambiemos el mundo. Bueno, no.

Mentira.

Parafraseando a Walter Benjamin o a el Benjamín™ de la cultura chilena, asumimos que quien no pueda tomar partido debe o debería callar. Vale. El Culture Jamming hoy a primera hora no toma partido o al menos no directamente ya que ha basado su comportamiento y su accionar en la posesión o uso de un soporte para resolverlo de modo aparantemente diferente a lo que su naturaleza indicaría, oponiendo el mensaje al Medio que lo solventa o lo convierte en eso, en mensaje. Y aquí, por motivos que rozán la necesidad de permanecer en cierta legalidad, llamamos al Sheriff. Alehop: según McLuhan el contenido de un medio funciona siempre como otro medio, y esto, a pesar de que dicha lógica sugiera un mero acto figurativo, nos indica que cada forma depende de una forma anterior, lo que en rigor concadenaria al medio a una continua introspección histórica.. Ejemplo: La escritura reproduce la palabra hablada. Y, claro, algo más cuando, por ejemplo, la escritura es literatura. ¿Cuál es el algo más en el caso del CJ? Ni idea. No quiero atormentarme, acabo de comer. Mejor, pongámonos un videico.


Y ahora, luego de este glorioso momento flash, una preguntica: ¿Qué es lo que han pillado?

¹ Los nuestros, que nadie se quede sin saberlo

Be a Sadist (VIII)

January 21, 2009

Felix Dzerzhinsky es, digamos, una especie de supervillano al uso. Un supervillano de puta madre y de pura cepa. Perfectamente capaz, ya a partir de su barba, de contrarrestar a la figura de Bond, el titán desenvolvió nada más y nada menos el rol de maestro de ceremonias en el plan Trust, experiencia vital e iniciatica de lo que venimos llamando contraespionaje. Hombre ajeno a la ley y, quizá por ello, muy amigo de las conductas revolucionarias de la época, se hizo poseedor de una condición que le ayudaba a sortear las diatribas de la burocracia del régimen apenas impuesto con soltura, hablamos de los albores de la Unión Soviética, logrando con los epitetos revolucionarios de su curriculum la aprobación directa de Lenin para llevar a cabo uno de los pocos planes que habría puesto verde de envidia al gran, en materia de manipulación y contra-programas, G(oebbels).

El Trust, proyecto seminal de contrainformación avalada por Papá Estado y nacido de las entrañas de una informe GPU (o lo que luego llamaríamos KGB), basaba su funcionamiento en la infiltración y posterior detención en y de los bandos contrarios al programa. Hablando en plata: lo que hoy se atañe al imperialismo y demases istmos (mal) usados por la mili-bohemia© para sus pintadas y (horribles) murales no es más que un programa calculado para ir a por los díscolos ubicados al interno del territorio soviético. Es de suponer, entonces, porque no podemos alejar del fenómeno lo que nos resulta execrable, que su valía ronda más allá de cualquier prurito moral una idea de vanguardia pocas veces vista y que atañe, de forma directa aunque por procesos diferentes, el uso del audiovisual como materia prima en la solvencia de cualquier régimen autoritario. Pero, antes de entrar en nuevos derroteros, lo suyo es aclarar que lo que nos ha traído aquí, independiente de cualquier epígrafe cronológico referente a la efeméride’s fever™ que ataca a nuestros informativos desde la caída del muro, es la butà de Lenin al firmar, de su puño y letra, los permisos para operar liberamente del Trust, el organismo contrario que mejor asimilaría la CIA y del que cogería aparataje y accionar en función del MindFucking© que tan bien conocemos o deberíamos conocer. Por eso hoy, a 85 años de su muerte, recordamos a Lenin y su postura orientalista al auspiciar, en el papel y de puño y letra, uno de los pocos organismos soviéticos que propagaron su sapiencia cual bomba de rácimo.

Los occidentales piensan lo que quieren creer. Les daremos lo que quieren pensar.

Y así, queridos y remotos muchachos, hace la tira, se anticipaba la elección de Obama. Volveremos sobre ello.

Al elegir un objeto sustitutivo que deviene su signo, parece beneficiarse de este arreglo con lo real (I).

January 15, 2009

Hay dos maneras de referirse a Californication. Una correcta y otra complaciente e idiota. Por ello, porque somos complacientes e idiotas, nada ni nadie define mejor a Californication que Fito Páez.

“Me gusta estar a un lado del camino
fumando el humo mientras todo pasa
me gusta abrir los ojos y estar vivo
tener que vérmelas con la resaca
entonces navegar se hace preciso
en barcos que se estrellen en la nada
vivir atormentado de sentido
creo que ésta, sí, es la parte mas pesada”

.
El problema con las definiciones -que no son más que un conjugar bien las palabras, unas y otras, a fin de darle veracidad a un universo muchas veces ilusorio y analfabeto- es que a menudo no dan muchas posibilidades para el juego o el fuego. Aunque, sí, convengamos que Fito Páez está para ponerle a las brasas por puro placer altruista. Pero, mea culpa, nos llama a evocarlo el hecho de que encontramos en su obra imágenes y momentos de malditismo ridículo, de borrachismo insulso y de, ejem, poesía de la peor calaña. Donde en teoría deberia haber fuego solo hay juego de imposturas sin ningún interés. Elemento, el interés, del cual carece también la moralina chillona entendida como Cinismo de Salón™ que Californication vomita en orden creciente a cada episodio y que llega al paroxismo en el ridículo final de la segunda temporada.

Es necesario ser conciente de que el ridículo en general tiene sus fans, alicaidos seguidores o lacayos de un sistema mediático de lo más patético. Sujetos que donde les pongas tres cositas mal contadas, tres Claves de Continuidad Conceptual® que les pondría enunciar su abuela -sobretodo en el caso de que hubiera leído a Corín Tellado-, van a estar felices, contentos y de muy buen cuerpo. Lo importante, el mérito de cualquier obra, parece recidir en si estas Claves de Continuidad Conceptual® tienen que ver con la gestión cobarde la animadversión, independiente de la relevancia de la misma. Al parecer, la aceptación de un producto mediático pasa solo por la cantidad de molestias que pueda inferir en la moralidad general y no de su alcance real ni de su valor como producto. Porque ahí, en la colera medida y en la pose altanera, todo resulta resultón, muchísimo más fácil y directo: la exposición de un malestar resulta un acto de incomparable teatralidad y los argumentos, como nos ha enseñado The Hit™, dependen mucho más de la aceptación que el respetable haga del énfasis con que son expuestos más que de la veracidad o funcionamiento de su condición, en este caso, de producto audiovisual.

En una sociedad como la nuestra, donde no se propone otra cosa que el bienestar bajo cualquier costo y donde las concepciones de espectáculo, cinismo y cultura, por decir algo, han sido distanciadas hasta de su propria etimología -a este accionar le debemos la confusión, el caos invasivo e involuntario que se produce en espectadores y consumidores producto del abuso de la palabra ‘crisis’, por ejemplo- le viene de perlas que se retome la enquilosada figura del maldito mientras se sustente sólo en la incontencia verbal y el follar/beber/fumar¹ sin mirar a quién, para así proponer, por decirlo de alguna manera, un modelo complementario y complaciente para la escuálida lógica del sufriente espectador de turno. Lo importante parece ser que detrás de toda esta altaneria se esconda un valor de gusto universal o para todo público, como en los relatos morales o las fábulas. En el caso de Californication, un flechazo de la juventud. El problema, ya puestos, es que ante este obvio accionar el espectador no sufre, sino que se recrea o enaltece porque nuestro amigo el espectador -un mero consumidor de esta cultura, como usted o como yo-, goza hasta desangrarse al encontrar en la fuente de todos sus reclamos² y carencias una figura en la cual cobijarse. La gracia radica en tener un bufón disfrazado de héroe que, como en este caso/caos que nos convoca, hable o se manifieste de forma irresponsable e insultante ante los avatares que le supone el erigirse como último bastión moral de occidente (je) con un pitillo siempre colgándole coquetamente de la comisura de los labios. La idea es, entonces, hacer del cliché una trampa para presentarla como una obviedad esquiva y, por ello, moralmente incómoda. Y eso, en general, es lo que queda: el alcance ambiguo de esa incomodidad en función de una moraleja digna de, como deciamos, Corín Tellado.

‘En sí un niño es alguien insensato y crédulo. Su capacidad para divetirse es proverbial. No suele fumar y sus chistes a menudo o son malos o tontos. Poco más. La gran preocupación de los gestores capitalísticos es crear las condiciones objetivas para explotar todo eso -esencialemente iracionalidad, credulidad y capacidad de diversión-, generando beneficios colosales y sin que nadie pueda llamarte por ello cosas feas o acabes en prisión recibiendo palizas monumentales, es: ser pederasta sin ninguno de los riesgos que tal postura conlleva. Buscar coartadas. La coartada mayor de la historia de las coartadas es la llamada cultura juvenil.’
Ibáñez, Miguel. “¡Zap!: Caos, capitalismo y televisión”. Ediciones Futura, Barcelona, 1995 (pp. 44)

Entonces, resumiendo que es gerundio, el problema de la relación entre el espectador de este tipo de contenidos y los contenidos en sí -relación que, por cierto, aliviana el juicio o la necesaria posición al provenir de una ecuación que involucra a partes iguales la irracionalidad, la credulidad y las ansias de diversión- pasa a ubicarse en la nicotina, de las variedades de su uso. La idea de adultez y de madurez, así como la posibilidad de erigirse como bastión moral, proviene de el exagerar acciones legales como el fumar o el beber en función de una anécdota o impostura. Lo que deviene en buscarle a la actividad adolescencional del fumar a escondidas una carga mística o épica a fin de no perder la ilusión de madurez y adultez propias de los pitillos a la salida de la escuela. No me cabe ninguna duda de que en el paisaje actual la obra de Guy Debord se pueda resumir, dios me perdone, a lo siguiente: ‘Entre las pocas cosas que disfruté y supe hacer bien, lo que sin duda supe hacer mejor es beber’³ . Ustedes, los que se ubican al lado del camino a reirle las gracias a cualquier iconismo lacerante por obvio, no hacen menos que confirmarlo.

Volveremos sobre ello.

¹ Todas acciones, a su vez, condenas o suicidios concientes a mediano plazo, según los media.
² Este tipo de espectador o fan, por cierto, tiende habitualmente a declararse crítico hacia su entorno (aunque no hacia sí mismo)..
³Debord, Guy. “Panégyrique. Tome Premier”. Éditiones Gallimard, Paris, 1993. (pp. 42)