I Want To Believe (IX)

October 10, 2009

Al momento de ver esta imagen he recordado, casi de inmediato, la fijación erótica que Robert Crumb tenía con Bugs Bunny cuando era un niño. En un documental decía, el tío, que de peque llevaba en el bolsillo la figura recortada y que le fascinaba mirarla hasta que llegó un punto en que se le perdió o la manoseó demasiado o algo. Era su primera fijación y obsesión, aunque no detallaba, y si lo hacia no lo recuerdo, si por aquellos años se subía a las muchachas o si le gustaban las muchachas fuertecitas y jamonas. Es una pena no recordarlo, aunque me he acabado por acordar de que a mi siempre me tocaron los cojones por asumir que Jessica Rabbit era y es mi primera fijación erótico-festiva y, si no me equivoco, la causante de mi primera erección. Recuerdo que mis padres, a la salida del cine, se preguntaban si la peli había sido o no una peli adecuada y que luego mis tíos se reían de mi cantándome Quiero una novia Pechugona/que sea maciza, que sea rolliza y que nadie lo entendía. Como yo no entiendo a quién cojones se le puede ocurrir poner a Marge en la portada de una Playboy. No quiero ni pensar en ese despegable.

Be a Sadist (XIII)

August 22, 2009

Con dos cojones, sí.

El abrelatas no se le ocurrió a nadie hasta la guerra de secesión norteamericana (II).

August 6, 2009

Año 2008. Todo tranquilo en Pyongyang, ciudad capital de Corea del norte, hasta que de pronto, a los pies de la Torre de Juche, ese magno monumento que enuncia en su llama el dogma de Kim Il-Sung aparece un noruego de nombre Morten Traavik y hace esta foto.

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Ahora, las intenciones:

La Disco Music tiene unas características especiales: Es democrática; un sello oscuro con el atinado nombre de Wing and a Prayer arrejunta cuatro músicos de estudio para hacer un cover de una tonada de un show de Broadway y acierta con “Ease on down the Road”. La disco music es anónima; bailarines indistintos siguen los ritmos de músicos invisibles a través de las oscuras salas de baile. La disco music es económica; los dueños de un club pagan 50 dólares por noche a un DJ en lugar de los 500 por noche a músicos en vivo, y los bailarines tienen fiesta por mucho menos de los que vale un ticket para un concierto.
Por supuesto, la música disco puede ser acusada de ser aburrida, banal y, especialmente, previsible.
Abe Peck,Prólogo a Dancing Madness, Rolling Stone Press, 1976.

¿Soy yo o hay un coseno alfa que no cuadra? Deciamos hace nada que el Culture Jamming de toda la vida se ha vuelto peligrosamente inofensiva y, vaya, no nos equivocabamos. La razón de esto es que se ha vuelto tan cobarde que esconde sus apreciaciones en la bibliografia y en el manejo de determinados conceptos que conviertan al disfrute de la obra en alimento de El Círculo de los Iniciados™. Dicho de otra manera, el CJ pierde su capacidad subversiva en el momento en el que se relaciona estrechamente con el arte contemporáneo. En efecto, sí, el CJ pierde puntos al alejarse del Prank y del Hoax para vincularse, vaya, con la Alta Cultura©. Volveremos sobre ello.

Y no, esto no tiene nada que ver con que en el despacho tengamos una foto de Kim Jong-Il y señora en un marquito dorado. No.

Be a Sadist (XII)

June 4, 2009

“Pagas cuatro euros, te ponen la peor peli que han podido encontrar, y los de la fila de delante no se callan.”
Sr. Ausente en su Twitter

Llevo un par de semanas diciendole a los cercanos que no dejen, por ningún motivo, de reservarse el sábado 13 para ‘Algo’. Obviamente, claro, luego añado ‘Algo Grande’ y con ‘Algo Grande’ me refiero a esas típicas cosas que luego de 5 o 10 años se recuerdan como momentos míticos en la vida cultural de una ciudad. Y no lo digo en coña, para nada. Estoy seguro, segurísimo, que luego de un tiempo nos vamos a encontrar con gente que se va a llenar la boca diciendo ‘Claro, si yo estuve allí’ y no va a ser verdad. Pero bueno, es parte de lo que hay que pagar cuando haces algo que mola. Y esto, vaya, va a molar. Mucho. Seguro. Lo digo porque yo soy de los que ya estamos allí dispuestos a escuchar lo que transcurre sobre la peli. Con dos cojones, pase lo que pase. Y todos ustedes, los que pueden, deberían hacer lo mismo. Sin duda. Para que nadie les pille mintiendo. Ahí nos vemos.

Señor Ausente · Rubén Lardín ·
Raúl Minchinela · Nacho Vigalondo

comentan con la participación del público la película "Made in China" de John Liu

Sábado 13 de Junio de 2009. 22:00 horas.

Cine Casablanca- Kaplan (P. de Gracia, 115, Barcelona [+]).
4 Euros

Trash entre amigos

Por qué

Ahora que los salones de casa lucen monitores de alta definición y altavoces con surround, el atractivo de ir al cine vuelve a estar en la experiencia compartida.

Trash entre amigos es un experimento para que las películas comentadas, que fueron el origen mismo del cine, se reformulen en el siglo XXI. Y lo hace con las películas que abundan en el absurdo y en lo extraño, con frecuencia de una manera completamente accidental: el cine de serie Z, el cine Trash.

Frente a la película que no cambia, Trash entre amigos busca la experiencia irrepetible, en la que todo se modula con la participación del público.

Quién

Sr. Ausente –autor de El blog Ausente-, Ruben Lardín – reputado gourmet de la serie B, con notable bilbiografía-, Raúl Minchinela –responsable de Reflexiones de Repronto- y Nacho Vigalondo -director de Los Cronocrímenes- comentarán la película en directo, sin pausas ni rebobinados, con la colaboración del público asistente. Allí abundarán en los diálogos disparatados, las tramas incongruentes, la realización insensata y todos los argumentos que hacen del cine de bajo presupuesto una fuente inacabable de diversión.

Qué/Cuál

Para ello se ha elegido una cinta selecta: Made in china. Una producción Hispano-Hong Konguesa, rodada en la Costa Brava.

Made in China está dirigida, producida y protagonizada (en dos papeles) por John Liu, un actor de artes marciales que, tras la muerte de Bruce Lee, vino a Europa a intentar ocupar su trono. Liu se instaló en Barcelona tras conseguir gran fama en Francia, donde construyó una biografía falsa. Liu, pocos años después de Made in China, terminaría en la cárcel de Zaragoza condenado por trata de blancas y abuso de menores: prometía a las chicas papeles como actrices en el cine de Hong Kong, pero en realidad aterrizaban en una red de prostitución.

La película abunda en la fraudulenta biografía de Liu, e intenta colar como revelaciones periodísticas un falso pasado como entrenador de artes marciales para agentes de la cía, lo que presuntamente le convertiría en objetivo de la propia organización. En la cinta se encuentran bizarros experimentos de lavado de cerebro, el uso de accidentes reales de aviación, y una absoluta despreocupación geográfica, en la que Palamós se convierte en Kenia, y Platja d’Aro es la República Federal Alemana.

Dónde

Trash entre amigos se celebrará el sábado 13 de Junio en el cine Casablanca- Kaplan (Paseo de Gràcia, 115, Barcelona [ver mapa]).

Precio de la entrada: 4 Euros.

 

Contacto

 

 

I Want To Believe (VIII)

April 21, 2009

De Nicanor Parra aprendimos una regla de oro que siempre está bien, que está más allá del sesgado criterio de cada uno y de cada cual . Dicha regla es que hay que Joder la Paciencia, y por ahí van los tiros.

Que lo disfruten.

Be a Sadist (XI)

April 16, 2009

Hace un ratito he dejado de partirme con el youtú que me ha pasado eunice, acto seguido se los dejo a ustedes (cuatro).


Y sí, yo también creo que el periodismo nuestro, a nivel global, sale del séptimo.

Be a Sadist (X)

February 21, 2009

Llevas demasiado carmín para ser sólo amigos.

February 3, 2009

Es complejo para uno que se define como sibarita del ruido, entender la multitud de motivos por los cuales un grupo como Manos de Topose vuelve parte del paisaje sonoro habitual. Sobretodo porque es un grupo lleno de elementos que no me interesan en lo más mínimo, un grupo abarrotado de lugares comunes que habitualmente me molestarían o, en su defecto, me harían enfadarme, ensimismarme, hablar con las manos… volverme espléndido y querer dar fuego a Jehová y a su puta madre. Como siempre, vamos. El problema, lo complejo por paradójico y asín, es que me gustan. Tanto que los iría a ver en vivo aunque no tengo idea de lo que dicha aventura podría representar al sólo pensar en el resto de los asistentes. Aunque ahora mismo, de zopetón, me acuerdo gracias a Alberto Olmos y su Hikikomori de ¿Qué vas a hacer cuando descubras que el follar provoca cariño? Recuerdo esto y me río, claro, porque me cambio de tercio y me voy dando cuenta de que con esta frase podríamos empezar definir el estado emocional de una generación o dos. No solo porque lleva la palabra follar -a Bonsai de Alejandro Zambra me remito- sino porque evoca algo que podríamos llamar Zeitgeist Milenarista o, en su defecto, La Resaca De La Fiesta Que No Fue ©. Esto a tenor de no poder demostrar lo contrario nos adentra en la tonteria de nuestra contemporaneidad que, a pesar de expresarse en un modo altamente cursi, no es capaz de controlar ni de tomar la debida distancia de la dimensión melodramática de su acontecer. Centrémonos: Los sentimientos son, digamos, una meditación sobre las sensaciones que vendrían a ser, simplemente, respuestas a determinados estímulos. ¿Qué hacemos con/de los sentimientos que provienen o son enunciados directamente desde el estímulo? Himnos Generacionales: oler a desodorante de chica y todo ese rollo.

En Barcelona, hace unos seis meses o así, me llegó de rebote una charla con el músico japonés Daiho Soga Soga; un talentoso hombre ligado a la improvisación libre desde una perspectiva lúdica -hasta cierto punto audiovisual- que se ve obligado a terminar su actuación antes de tiempo. Su improvisación termina, por lo que me han comentado, en un punto alto de ruidismo festivo y alegria tal que la gente, como era de esperar, aplaude. Aplaude mucho, convocando así a un sujeto que desconozco a invitarles/ofrecerles un lugar en el Sonar y todo. Lo que, ya puestos, habla de la (supuesta) rentabilidad del evento. Pero no nos dejemos llevar por la obviedad, que llegamos a lo importante. Lo importante: resulta que Daiho Soga, a pesar del presunto éxito que denota el aplauso en sí mismo y las propuestas de rigor que, imagino, son fruto de lo que involucra este entusiasmo, no está del todo contento y explica lo siguiente: Lo suyo es terminar el show cuando has bajado el nivel de interés lo suficiente para que sea tedioso para el público. Dicho tedio, según Daiho Soga, obligaría al espectador a replantearse una y otra vez lo visto/escuchado/vivido porque el tedio, como el disgusto o la incomodidad, invita a la reflexión. Sobretodo cuando se ha pasado por un momento que, como demuestran los aplausos habidos – y que, espero, por haber- es álgido e invita al público a interactuar de un modo convencional. El modo no convencional que busca Daiho Soga es, creo, asumir que la performance, el evento o la ceremonia celebrada ha despertado algo en el espectador sin pedir nada a cambio. Dicha falta de interés en la prueba tácita -¿Qué es el aplauso sino la demostración empírica de la aceptación? - implica, además, que la ceremonia celebrada (algún día explicaré esta terminología) cumple su función en cuanto es ceremonia y es celebrada o, dicho de otra manera, cuando fue presente o, ejem, un pasado a evocar a partir de un estímulo. Centrémonos: Lo que propone sabiamente Daiho Soga no es otra cosa que darle caramelos al espectador para involucrarlo, a la fuerza, en el meditar o razonar una abstracción. Manos de Topo logra, digamos, algo similar y sin involucrar talento en lo formal.

Como decíamos desde un principio, el grupo es musicalmente obvio y con esto explica, en sí mismo, el hecho de que no evoque ningún interés en un ámbito meramente musical sino a través de la ausencia de este factor -la musicalidad, vaya- para ir así provocando que todas las opiniones, tanto buenas como malas, se convoquen a este respecto. De nuevo, la musicalidad y/o su ausencia. Manos de Topo logra despertar a partir de un desagrado aparente, producto de la absoluta falta de sorpresa o la exagerada incapacidad de cantar de su, ejem, cantante, un interés que en el mejor de los casos evocaría a una abstracción que se luce en la estructura del texto, de la letra: un bastión desestructurado y salpicado con momentos de humorismo de bar. El hecho de que sus canciones, que ya hemos calificado de posibles Himnos Generacionales, hayan nacido como carne de cañon para atolondrados momentos de ocio en grupo (casamientos, fiestas privadas y así ad eternum) nos lleva, de una manera u otra, a la redundancia sin mesura del pop y no al mote de surrealismo que le han regalado los eruditos de kiosco de toda la vida, que ordenan movimientos según las agendas Taschen. La diferencia de la propuesta de Daiho Soga con la de Manos de Topo tiene que ver con la resonancia: mientras el primero nos invita a juzgar su intimidad con la idea de un recuerdo no del todo agradable provocado a partir del ir generando sensaciones con estimulaciones sonoro-musicales concretas, los Manos de Topo parten de la base de que el recuerdo ya lo tenemos archivado y clasificado, aplicando así un criterio interesantísimo pero no por ello menos limitado: del desfase entre sensación, sentimiento y estímulo hemos sido víctima todos. Daiho Soga, y esto me consta, propone comunicar a partir del eco que puede/busca generar en el espectador/oyente con su constante juego conciente de tonalidades, armonias y sonidos mientras Manos de Topo es lisa y llanamente eco y sólo eco. De esto me nace, otra vez, una pregunta que me atormenta desde pequeño ¿Es posible que todo se sostenga en el texto? Tanto Manos de Topo como Daiho Soga juegan en los límites del formato o de los formatos que uno y otros se han impuesto y esto es, quizá, su único punto en común. Esto y cierta provocación intrínseca que daremos por buena visto el estado de las cosas.

El entorno, según parece, está para pocas hostias o al menos es lo único que me permite explicarme el afincamiento del costumbrismo como cánon en un panorama cultural cada vez más estéril. Lo que lleva a pensar, irremediablemente, que el costumbrismo es en el único campo en el que Manos de Topo puede ganar la batalla o, digamos, llegar a un público masivo; ya que entre sus textos y la estructura de su música se esconde la cobardía como discurso primario mientras que en el caso o en el caos -¡Musicalidad!- de Daiho Soga, por el contrario, no hay otra cosa que valentía ya que negarse al aplauso es, en este paisaje, casi como pegarle a la madre. O peor.

Es legítimo preguntarse hasta qué punto la pesadilla o la piel de la pesadilla es tan radical como enunciaban sus cultores. (I)

January 27, 2009

La cultura es una industria. De hecho, lo que no es industrial, acostumbra a no ser cultura. Un testimonio cultural que no tenga ramificación industrial, no es cultura. Es marginalidad. En ocasiones, por otra parte, marginalidad sin ningén tipo de calidad. O sí. Ni idea. Nunca lo sabremos. No existe.
Guillem Martínez.

El ánimo iracundo que Roberto Ampuero puso en manifiesto en la prensa escrita hace unos meses, respondiendo a Patricia Espinoza y a Leonardo Sanhueza, podría justificar hasta su falta de conocimiento, sí. Y supongo que lo suyo es partir diciendo que Roberto Ampuero está en todo su derecho de hacer lo que hace y hacerlo como lo hace, porque Ampuero, bendecido por su ignorancia y ungido en su falta de memoria, hace un berrinche infantil y de poquísima monta -como su literatura, vaya- para defender a sus lectores, clientes y/o sus consumidores. Que es, digamos, lo que haría cualquier vendedor del tres al cuatro: Defender su patrimonio en base a cuán bien es aceptada su mercancia. Roberto Ampuero es, entonces, conciente de que su capacidad como escritor es menor y que lo que importa en la cloaca que supone su parcela literaria es, como él mismo parece asumir, la rentabilidad.

Hace poco una señora inglesa de cincuentaytantos -a quien sin lugar a dudas le regalaría un libro de Ampuero si no fuera porque yo regalo cosas que me gustaría que me regalasen o me hubieran regalado a mi- me decía que no veía Te-Vé® porque para eso, ejem, tenía los libros. Con para eso, se refería, cosa que ha subrayado, a evadirse. Le basta, digamos, con situaciones infantiles y de poco brio literario o linguístico porque a ella no le preocupa la literatura -¡Ni falta que hace!- sino que, muy por el contrario, le preocupan las pasiones fatuas y ridículas, el ritmo continuo y sosegado, las historias sin mucho asunto donde siempre, según qué humor, pueda o pudiese sentirse identificada. Que nominara a Doris Lessing y al recientemente galardonado De Cleziò no es otra cosa que una ratificación de esto mismo, de la evasión, porque a pesar de que el fin sea siempre el mismo, el evadirse, hay también una búsqueda ulterior de respetabilidad que se manifiesta en el lector minimamente enterado.

Nota: Los media funcionan como la caja de cambios del motor de la lectura, la evasión, dando brios, saltos mortales y peligrosísimas trampas formales con errores de raccord para encubrir este objetivo primordial, la evasión, con un manto de -¡Atención!- respetabilidad.

Los Premios son, entonces, una herramienta de la industria para volverse sustentable en un campo de ideas confusas y de finalidades opuestas. La industria es siempre, y esto conviene apuntarlo, el testimonio de una cultura; de ahí la importancia de la Serie B y el Folletón. La pregunta entonces se convierte en: ¿Qué es lo que le molesta a Ampuero si él mismo dice, a su modo, todo esto? Imagino, luego de intentar recordar con un esfuerzo sin par y doloroso sus textos y entrevistas, que lo que le molesta, profundamente, es ser acusado de mercachifle, ser denostado por tener una obra de una escasa calidad literaria y de encarnar, sin duda alguna, el sino del escritor progre y de derechas que no soporta la imagen del escritor que escribe sin pensar en ventas ni en lectores. Se me antoja entonces que el sueño húmedo de Ampuero no es una fémina, no; su sueño hémedo, lo que se la pone dura, son los anticipos cuantiosos. Cambio de tercio: ¿Cuál es el problema de Ampuero? El problema de Ampuero es que sabe, sin lugar a dudas, que carece de talento y de la corrección política necesarias, ambos elementos indiscutibles al momento de urdir un premio o ser premiado, y por ende tiene que construir su relación con el lector/consumidor a partir de sobarle el lomo y de proponerse a sí mismo -los tiene cuadrados, el pobre- como un mártir ante una crítica anoréxica. Sí, ahí Ampuero acierta, porque los corsarios del ataque personal , como él los denomina, se atacan a sí mismos leyendo o masticando best-sellers.

Nota: Una anoréxica es un alguien, una personita, que en el espejo se ve feucha, horrible, pobre y sin tezón, y que se pone a prueba para mejorar(se) segén lo que demanda el entorno o lo que es o le resulta vecino o cercano. Esto corre también para los anoréxicos, aclaro.

La figura de la anoréxica es la mejor metáfora posible que se le puede otorgar a la crítica chilena porque es una crítica que, como muy bien apunta Matías Rivas, se ve obligada a catar mierda debido a que la narrativa chilena carece de firmas suficientes -¡El Autor, El Autor!- que la ratifiquen como tal. Me explico: Si la poesía Chilena es un perro, como diría Bolaño, la narrativa chilena es, ahora mismo, en el caso de existir, un piojo o, en el mejor de los casos una garrapata, que se alimenta, como muy bien señala Alejandro Zambra, de lo que Neruda inventó. Que no es otra cosa que un balbuceo elegante, un fraseo literario que favorece el rodeo y la eterna divagación; y así el hecho de que el último libro, el que ha llamado a la polémica, de Ampuero se llame El Caso Neruda, no es otra cosa que, ejem, justicia poética.

Es bueno a este punto decirlo en voz alta (carraspeo): Todos tienen derecho a hacer berrinches infantiles, a ponerse en pie de guerra sin teología ni geometría, a reactivar mecanismos de ningún valor retórico, todos. Inclusive Roberto Ampuero. No importa si el problema de Ampuero es que confunde criterios mínimos porque Ampuero lo que quiere es asegurar su parcelita. Ampuero, repito, lo que quiere es vender y, de paso, con sus errores formales, su prosa cursi y su ignorancia bendita porque a sí misma se desconoce, tener lectores. Ambas cosas imposibles de separar o dividir, la venta y los lectores, porque hablamos de público y el público es un ente que al momento de consumir, independiente de lo que consuma, no se equivoca. Nunca. Y esto, la beligerancia con la que se manifiesta la profunda verdad de El Consumo, es algo que la Crítica no entiende y que no tiene por qué entender ya que su terreno lo demarca, para bien o para mal, una función muy distinta a la que llevan a día de hoy reseñistas y redactores o redactores y reseñistas o reseñistas redactores o redactores reseñistas o lo que sea, oiga, que lo que importa es ayudar a vender. O no. Bueno, sí, y esto venía a que estabamos hablando de la crítica, de su labor y de su condición que debe ser entendida como presente o como un tratar de explicar lo que acontece o nos acontece en función de su especialidad e independiente de los buenos modos, de regirse por ellos. Recordad a Benjamin, porfis, aunque no lo merezca del todo.

Les voy a contar un secreto: La crítica chilena sí que ha emprendido una campaña en contra de los autores más vendidos (como Ampuero, como Isabel Allende o el mísmismo Neruda) así como ha producido, desde cierto punto de vista, que algunos autores subsistan o, lisa y llanamente, existan en un paisaje para nada alentador. El problema es producto de la disparidad de criterios que se le suponen a la crítica, siempre solventados en dinámicas de la (c)academia y el mercado, ambas dueñas de valores irreconciliables. Aunque claro, la Crítica chilena con su accionar guerrillero y militante, que en un Tabloide como Las Últimas Noticias cuenta con un espacio de una página diaría, descubrió, aplaudió, difundió y articuló a Bolaño diez años antes que en EEUU; aún deseando, como diría Zambra, que no fuera chileno. Que luego Herralde se la metiera doblada -a la Crítica Chilena, no a Bolaño- es otro tema.

Be a Sadist (IX)

January 24, 2009


Ah, pero… ¿No les habia gustado Ciudad de Dios?